La soledad puede ser un problema de salud pública silencioso. Investigaciones recientes sugieren que sentirse solo puede ser más dañino que estar realmente solo. Un estudio de la Universidad de Cornell encontró que la asimetría social, o la brecha entre el aislamiento social objetivo y la soledad subjetiva, está asociada con un mayor riesgo de enfermedad y muerte.
La complejidad de la soledad
Durante décadas, se creyó que estar rodeado de gente protegía la salud emocional, mientras que estar aislado la perjudicaba. Sin embargo, nuevos estudios sugieren que la ecuación es más compleja. La cantidad de vínculos no es lo único importante, sino cómo se viven esos vínculos y si se siente que pertenecen a un mundo afectivo seguro.
Un estudio publicado en JAMA Network Open analizó a 7.845 adultos de Inglaterra y encontró que la experiencia interna de soledad superaba la situación social objetiva en muchos casos. El resultado fue claro: cuando la soledad subjetiva superaba la esperada, el riesgo de enfermedad y mortalidad aumentaba.
El impacto en la salud
Quienes estaban clasificados como "socialmente vulnerables" presentaron mayor riesgo de mortalidad por todas las causas, enfermedad cardiovascular y EPOC que los "socialmente resilientes". Por otro lado, algunas personas con aislamiento objetivo pero sin sensación de soledad no mostraron el mismo nivel de riesgo.
La dinámica de la soledad
Un segundo estudio publicado en Communications Psychology encontró que la soledad funciona como un sistema dinámico. Los momentos de soledad se asocian con percepciones de rechazo o amenaza, y esas experiencias hacen que la persona se retraiga y se proteja más. A largo plazo, esto refuerza el aislamiento emocional.





