La guerra en Irán ha sacudido al régimen, pero no ha acercado al país a un cambio democrático. Al contrario, refuerza un patrón conocido en sistemas autoritarios: la presión militar externa rara vez produce transformaciones internas.

El impacto de la guerra en la política iraní

La intensificación de los ataques a finales de febrero ha marcado el inicio de una fase de conflicto externo y represión interna reforzada en Irán. El liderazgo ha utilizado la guerra para reinterpretar el descontento interno como una cuestión de seguridad nacional, justificando una represión más dura.

La represión interna se intensifica

En este contexto de represión intensificada, el régimen ejecutó a cuatro presos políticos de la Organización de los Muyahidines del Pueblo de Irán (OMPI) los días 30 y 31 de marzo de 2026. Estas ejecuciones evidencian una campaña sistemática para eliminar a la oposición y sembrar el miedo.

La idea de que los bombardeos pueden provocar un levantamiento popular parte de una comprensión equivocada de la naturaleza del Estado iraní. La guerra y los bombardeos aéreos no crean las condiciones para la movilización democrática. Al contrario, proporcionan a los regímenes en crisis un escudo que les permite cerrar filas y reprimir la disidencia con mayor eficacia.