La reciente atención mediática en torno al caso de Noelia Castillo ha generado un gran revuelo en torno a la ley de eutanasia. Sin embargo, detrás de esta historia se esconde una realidad más compleja y turbia. La relación entre una asociación de fuerte carga ideológica y el progenitor de la muchacha ha sido convenientemente obviada. Esta omisión ha permitido una interrupción de casi dos años en el proceso.
La instrumentalización de la eutanasia
La ley de eutanasia no ampara el suicidio ni la solución a problemas de depresión o infelicidad. Se centra en casos de enfermedad incurable y dolor que impide una vida digna. A pesar de esto, la atención se ha centrado en la biografía personal de Noelia, cargada de desamparo, violencia y abandono. Su deseo de someterse a la eutanasia activa ha sido mezclado con su historia personal, lo que ha provocado confusión sobre la función real de la ley.
Un negocio lucrativo
Las asociaciones de abogados litigantes que se dedican a este tipo de casos tienen un objetivo claro: recaudar fondos. La apertura de una cuestación pública les permite obtener dinero para afrontar los gastos legales. Sin embargo, lo que recaudan supera con mucho el coste del proceso. El dinero sobrante va a parar a los bolsillos de estos seudosindicatos con afán de lucro. Un claro ejemplo es el caso de un político que ha sido llevado a juicio por una réplica en redes sociales.





