En el siglo XVII, bajo la estricta moralidad del Barroco, un romance clandestino entre María Ferragudo Cuende y Grijalba y su primo hermano, Mateo Pinto de Quintana, fue descubierto a través de cinco cartas de amor. La pareja, enfrentada a la oposición paterna y eclesiástica, recurrió a un sistema de confidencias y espionaje doméstico para mantener su relación en secreto.
El amor en la época del Barroco
La historia de María y Mateo es un ejemplo de cómo los jóvenes enamorados sorteaban la vigilancia paterna y eclesiástica en la España del siglo XVII. Las promesas de matrimonio eran asuntos serios, y los tribunales de la época estaban repletos de pleitos por incumplimiento de la palabra dada. La investigación 'Una aportación a la historia de las mentalidades: cartas de amor en el barroco' de Mª Areños Muñoz Rodríguez arroja luz sobre este apasionante tema.
Las cartas de amor
Las cinco cartas de amor escritas por María Ferragudo revelan a una mujer profundamente enamorada y dispuesta a desafiar las convenciones de su tiempo. Con encabezamientos vibrantes como 'Corazón mío i bida mía', María confesaba a Mateo que le quería 'después de Dios más que a ninguno oi en el mundo'. Las cartas también muestran el complejo entramado de confidencias y espionaje doméstico que rodeaba a los amantes.
El romance y su desenlace
A pesar de la pasión de María, su actitud cambió radicalmente cuando Mateo presentó las cartas como prueba irrefutable de su relación ante el Tribunal Eclesiástico de Palencia. María negó categóricamente haber dado palabra de matrimonio y rechazó cualquier vínculo romántico con su primo. Finalmente, Mateo decidió retirar la demanda, poniendo fin a su desesperado intento legal.





