En un momento de crisis múltiple que amenaza con desestabilizar los cimientos de nuestra civilización, es hora de cuestionar la forma en que nos relacionamos con el mundo que nos rodea. La crisis climática, energética, económica, política y cultural se entrelazan para poner en tela de juicio no solo nuestros sistemas, sino también nuestros valores y creencias. La pregunta es: ¿cómo podemos cambiar de rumbo?

La lógica de la dominación

La cosmovisión dominante durante siglos se ha basado en una lógica de jerarquización y apropiación. La naturaleza se ha visto como un conjunto de recursos disponibles para su explotación; los pueblos colonizados han sido deshumanizados para justificar su dominación; las mujeres han quedado relegadas a posiciones subordinadas dentro de sistemas patriarcales; y las clases trabajadoras han sido reducidas a mera fuerza productiva. En este contexto, los animales no humanos han sido convertidos en mercancía, sujetos a la explotación y el sufrimiento.

La interconexión de las opresiones

Los sistemas de dominación comparten mecanismos que permiten normalizar la violencia. Estas estructuras no funcionan de manera aislada, sino que se entrelazan y comparten mecanismos culturales, simbólicos y materiales que permiten normalizar la violencia y hacerla socialmente aceptable. La producción de jerarquías morales, la construcción de “otros” inferiores y la naturalización del sufrimiento ajeno son elementos comunes en estos sistemas.