La Catedral de Santiago ha sido testigo de numerosos eventos extraordinarios a lo largo de la historia, incluyendo varios impactos de rayos que han marcado su trayectoria. Uno de los más significativos ocurrió en 1583, cuando un rayo impactó en el templo y recorrió su interior durante una celebración de vísperas. Este suceso, recogido por el historiador Jorge García García, provocó desmayos y heridas leves entre los presentes, pero sorprendentemente, nadie murió.

El origen de la 'festa do raio'

El cabildo compostelano interpretó el suceso como una manifestación de la misericordia divina y decidió agradecer públicamente lo que consideraban una protección sobrenatural. Así nació la llamada 'festa do raio', una celebración destinada a conmemorar el suceso y perpetuar su recuerdo. Se repartieron 300 ducados en limosnas y se estableció una memoria perpetua que debía repetirse año tras año.

La Catedral de Santiago ha sido un símbolo de la fe y la espiritualidad durante siglos. / ECG

Impactos posteriores y daños

Sin embargo, los rayos volverían a poner a prueba la solidez del templo. En diciembre de 1729, otro impacto sacudió la catedral, causando daños estructurales y un 'pestilente olor sulfúreo'. A pesar de los daños, el relato insiste en la ausencia de víctimas. En un edificio lleno de fieles, capellanes y campaneros, nadie perdió la vida. 'La misericordiosa mano de Dios quiso encaminarle', se decía entonces.

La vulnerabilidad de la catedral