La Catedral de Santiago ha sido testigo de numerosos eventos extraordinarios a lo largo de la historia, incluyendo varios impactos de rayos que han marcado su trayectoria. Uno de los más significativos ocurrió en 1583, cuando un rayo impactó en el templo y recorrió su interior durante una celebración de vísperas. Este suceso, recogido por el historiador Jorge García García, provocó desmayos y heridas leves entre los presentes, pero sorprendentemente, nadie murió.
El origen de la 'festa do raio'
El cabildo compostelano interpretó el suceso como una manifestación de la misericordia divina y decidió agradecer públicamente lo que consideraban una protección sobrenatural. Así nació la llamada 'festa do raio', una celebración destinada a conmemorar el suceso y perpetuar su recuerdo. Se repartieron 300 ducados en limosnas y se estableció una memoria perpetua que debía repetirse año tras año.
La Catedral de Santiago ha sido un símbolo de la fe y la espiritualidad durante siglos. / ECG
Impactos posteriores y daños
Sin embargo, los rayos volverían a poner a prueba la solidez del templo. En diciembre de 1729, otro impacto sacudió la catedral, causando daños estructurales y un 'pestilente olor sulfúreo'. A pesar de los daños, el relato insiste en la ausencia de víctimas. En un edificio lleno de fieles, capellanes y campaneros, nadie perdió la vida. 'La misericordiosa mano de Dios quiso encaminarle', se decía entonces.
Pero esa protección no fue absoluta. En 1731, un nuevo rayo impactó en la torre del reloj y provocó la muerte del criado del campanero. Fue un golpe que rompía, en cierto modo, la narrativa del milagro constante. La catedral, sólida y monumental, parecía vulnerable ante la furia del cielo.
El avance científico y la adopción del pararrayos
Durante siglos, la interpretación de estos fenómenos estuvo dominada por la fe. Sin embargo, el avance científico empezó a ofrecer nuevas respuestas. En 1752, Benjamin Franklin inventó el pararrayos, una solución que cambiaría la relación entre la arquitectura y las tormentas. En Santiago, la adopción de esta tecnología fue lenta, y no fue hasta 1867 cuando el cabildo solicitó oficialmente su instalación.
La 'festa do raio' y su legado
Hoy, la 'festa do raio' es poco conocida, pero forma parte de ese tejido invisible que construye la identidad histórica de un lugar. Más allá del dato curioso, revela cómo las sociedades del pasado interpretaban lo inexplicable, cómo transformaban el miedo en ritual y cómo encontraban sentido en medio de la incertidumbre.
La Catedral de Santiago sigue siendo un símbolo de la espiritualidad y la fe.
La huella duradera de los rayos
Relámpagos que no solo iluminaron sus muros, sino que dejaron una huella duradera en la memoria de quienes los vivieron. Y quizá por eso, todavía hoy, cuando una tormenta estalla sobre Compostela, hay quien mira hacia las torres y recuerda que, durante siglos, el mayor temor no era la lluvia… sino que el cielo decidiera entrar en la catedral.
Conclusión
La Catedral de Santiago y su relación histórica con los rayos es un tema fascinante que nos permite reflexionar sobre la forma en que las sociedades del pasado interpretaban los fenómenos naturales y cómo los integraban en su vida cotidiana.