La reciente escalada de tensiones en Oriente Medio ha vuelto a exponer la vulnerabilidad de la economía global ante la dependencia de los combustibles fósiles. La guerra en Irán y la invasión rusa de Ucrania son dolorosos recordatorios de que la debilidad estructural de nuestra arquitectura energética golpea nuestros bolsillos de forma periódica. La urgencia de transitar hacia la electrificación masiva de nuestra economía es más evidente que nunca.

La dependencia de los combustibles fósiles: un lastre para la economía española

Durante más de un siglo, la economía española se ha fundamentado en la garantía de suministros continuos de petróleo y gas. Esta dinámica ha expuesto a nuestra economía a una volatilidad de precios importada y a un 'impuesto invisible' dictado por la inestabilidad geopolítica. La dependencia energética es una vía de empobrecimiento directo que reduce nuestra capacidad de alcanzar mejores y mayores cotas de bienestar.

La movilidad se erige como el verdadero talón de Aquiles de nuestro sistema económico. El sector del transporte es el principal consumidor de los derivados del petróleo que importamos, lo que lastra sistemáticamente nuestra balanza comercial y drena recursos vitales hacia el exterior. La electrificación de la movilidad no debe interpretarse como una opción de transición ambiental, sino como un imperativo de competitividad y un proyecto de país de indudable carácter estratégico que debe acelerarse.

La falacia de la dependencia de las tecnologías extranjeras