La situación actual en los mercados de valores recuerda a la de 2021, cuando los bancos centrales consideraban que la inflación era transitoria. Sin embargo, la crisis energética y la guerra con Irán han cambiado el panorama. Los inversores en renta variable mantienen una actitud optimista, pero corren el riesgo de parecer ingenuos si la crisis no es pasajera.
La incertidumbre en los mercados de valores
Los principales índices occidentales han caído desde el 27 de febrero, pero no de manera significativa. El Stoxx Europe 600 ha bajado un 7,7% y el S&P 500 ha caído un 7,8%. Estos movimientos no son enormes en el panorama general, ya que el S&P ha vuelto a su nivel de septiembre y el Stoxx Europe ha regresado a los niveles de mediados de diciembre.
La valoración de las acciones
El índice de referencia estadounidense cotiza a 20 veces los beneficios futuros, según LSEG Datastream, lo que contrasta con un múltiplo medio de 16 desde marzo de 2006. El índice europeo se sitúa en 15 veces los beneficios futuros, frente a una media de 13 en los últimos 20 años. En ambos casos, la valoración actual se sitúa aproximadamente en el percentil 80 de ese periodo.
La desconexión entre los mercados de renta variable y de renta fija
Los precios de los derivados calculados por LSEG apuntan a que la Reserva Federal de EE UU cerrará 2026 con tipos de interés sin cambios respecto al rango actual del 3,5% al 3,75%. A finales de febrero, esos mismos contratos descontaban recortes que habrían situado los tipos entre el 3% y el 3,25%. El panorama es aún más dramático al otro lado del Atlántico.





