El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se enfrenta a un dilema en su contienda contra el régimen iraní, que niega cualquier negociación. A pesar de las filtraciones sobre una posible retirada de las tropas, Trump ha vuelto a extender la guerra y la toma de decisiones dos semanas, su escala de tiempo favorita para el ultimátum.
La incertidumbre en el mercado energético
La incertidumbre en el mercado energético ha llevado a subidas del precio del crudo, ya que el Estrecho de Ormuz lleva tres semanas cerrado. La realidad es que cada día que pasa se agrava la situación, porque Irán es capaz de absorber el daño de cada bombardeo y vende su petróleo más caro, mientras el mundo se encamina a una crisis económica global.
La estrategia de Trump en cuestión
La afirmación de que el desbloqueo del Estrecho es cosa de sus aliados de la OTAN y no suya suena más a impotencia y frustración que a una convicción real. En el mismo discurso, de nuevo de forma contradictoria, aseguró que cualquier acuerdo de alto el fuego depende de que el Estrecho de Ormuz esté "abierto, libre y despejado". Estados Unidos necesita reabrir el paso y lo necesita ya.
Opciones militares sobre la mesa
Trump tiene desde hace semanas sobre el escritorio presidencial varios planes elaborados por el Pentágono para desatascar la situación por medios militares: van desde la invasión de la isla de Jark, las islas de Qeshm y Larak en el Estrecho, o una incursión para requisar media tonelada de uranio enriquecido. Todas ellas son de una dificultad enorme y provocarían bajas en las tropas de asalto.





