La sociedad debe cuestionarse sobre las formas de relación que se están normalizando fuera de las escuelas, ya que el acoso escolar no es un fenómeno aislado. Durante décadas, hemos intentado abordar este complejo problema con campañas de sensibilización y protocolos de actuación, pero la problemática persiste. Es hora de replantear nuestra enfoque y considerar que el acoso escolar no es exclusivo de los niños y adolescentes.
La normalización del acoso en la sociedad
El acoso escolar se asemeja a situaciones de hostigamiento que experimentamos en diferentes ámbitos de la vida, como la familia, el trabajo o las relaciones de pareja. La mirada social hacia el acoso escolar está impregnada de adultocentrismo, lo que nos lleva a pensar que es un problema exclusivo de los niños y adolescentes. Sin embargo, es fundamental aceptar que las conductas de acoso no pertenecen exclusivamente a una minoría de menores problemáticos.
La complejidad de las dinámicas de acoso
Las conductas de acoso pueden ser activas o pasivas, y pueden ocurrir a través de burlas, silencios o difusión de comentarios que refuerzan la estigmatización de alguien en situación de vulnerabilidad. Nos resulta complicado mirar hacia estos hechos porque nos cuesta diferenciar conductas de identidades. Hablamos de 'los acosadores' y 'las víctimas' como si se tratara de categorías fijas, cuando en realidad muchas de estas dinámicas son situacionales y relacionales.





