En el corazón comercial de cualquier gran ciudad, un fenómeno se repite: colosales pantallas de LED y fachadas que solo se miran a través del móvil. Un paisaje urbano que vende y lo hace deprisa. ¿Qué hay detrás de esta uniformidad? La historia comienza con Walt Disney y uno de los mafiosos más sanguinarios del siglo XX.
La ciudad de Las Vegas, concebida para ser vista y consumida, es el resultado de la visión de Benjamin 'Bugsy' Siegel, un gánster que quería ser hombre de negocios legítimo. En 1946, inauguró el Flamingo, el primer casino de la ciudad, y sentó las bases para una urbe que viviría de la atención y el consumo.
El nacimiento de un modelo urbano

El modelo de Las Vegas se basa en dos planos superpuestos: el del brillo y el mensaje, y el de servicio. Las fachadas de los casinos y hoteles compiten por la atención, mientras que el interior se vuelve banal y repetitivo. Este enfoque se hace eco en la ciudad moderna, donde cada centímetro frontal de fachada busca capturar la atención del transeúnte.
En 1972, Robert Venturi, Denise Scott Brown y Steven Izenour publicaron 'Aprendiendo de Las Vegas', un libro que analiza este fenómeno urbano. La ciudad de Las Vegas se convierte en un caso de estudio para entender cómo las fachadas pueden ser autónomas y ensimismadas, hechas de puro mensaje.
La influencia de Disney
Walt Disney también jugó un papel crucial en la configuración de las ciudades modernas. En 1955, inauguró Disneyland, un parque temático que simulaba una ciudad ideal. Las fachadas de los parques temáticos no se presentan como tales, sino que simulan arquitectura y ciudad. Cada calle y edificio parece real, lo que introduce la idea de que el espacio urbano puede gestionarse como una experiencia integral.
La lógica de lo felizmente perfecto y lo perfectamente feliz comienza a resultar tentadora para alcaldes, promotores y gestores urbanos. Poco a poco, se extiende desde Disneylandia y Las Vegas para filtrarse en otras ciudades, eliminando lo imprevisible y permaneciendo solo lo que proyecta felicidad.
La disneyficación de las ciudades
En 1991, el profesor universitario Peter K. Fallon acuñó el término disneyficación: '[El] proceso según el cual un lugar real es desprovisto de su carácter original para ser sustituido por una versión higienizada y desinfectada del mismo'. Esto plantea la cuestión de si estamos condenados a adaptarnos a un tejido socioeconómico vertical.
La disneyficación de las ciudades puede verse en la proliferación de cadenas comerciales y franquicias, que reemplazan a las tiendas y negocios locales. ¿Es este el futuro de nuestras ciudades? ¿O podemos encontrar una manera de preservar el carácter original de nuestros espacios urbanos?
La respuesta no es sencilla. Lo que está claro es que la disneyficación de las ciudades es un fenómeno que afecta a la forma en que vivimos y experimentamos nuestras urbes. A medida que las ciudades se vuelven más comerciales y homogéneas, surge la pregunta de qué valor damos a la autenticidad y la diversidad en nuestros espacios públicos.
El futuro de las ciudades
En última instancia, la disneyficación de las ciudades es un reflejo de nuestras prioridades como sociedad. ¿Queremos vivir en ciudades que sean auténticas y diversas, o nos conformamos con un modelo que prioriza la eficiencia y la rentabilidad? La respuesta a esta pregunta determinará el futuro de nuestras urbes y la forma en que las experimentamos.
La disneyficación de las ciudades es un tema complejo y multifacético que requiere una reflexión profunda. A medida que seguimos adelante, es fundamental considerar las implicaciones de este fenómeno y buscar formas de preservar la autenticidad y la diversidad en nuestros espacios públicos.
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Crítico Cultural
Crítico cultural y escritor. Colaborador habitual en medios literarios.
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