En un giro inesperado, Irán ha adoptado una estrategia militar asimétrica para contrarrestar los ataques de Estados Unidos e Israel. El régimen de Teherán busca prolongar el conflicto, aumentando el desgaste de sus adversarios y haciendo que una nueva ofensiva sea cada vez más insostenible.

La estrategia de Irán se centra en ampliar el campo de batalla, atacando infraestructuras energéticas y estratégicas en países del Golfo. El comandante Ali Abdollahi declaró que la doctrina de las fuerzas armadas iraníes ha cambiado de defensiva a ofensiva, amenazando con atacar instalaciones de energía, tecnología de la información y desalinización en la región.

La estrategia de desgaste de Irán

El analista Hamidreza Azizi, de SWP Berlin, afirma que Irán rechaza la lógica de una guerra corta y busca alterar el cálculo de costo-beneficio del adversario. Teherán pretende compensar su inferioridad aérea y tecnológica actuando en áreas donde tiene margen de maniobra, como el cierre estratégico del Estrecho de Ormuz.

Cuanto más se alargue el conflicto, más posibilidades hay de que EEUU e Israel concluyan que una nueva ofensiva tiene más desventajas que beneficios. La interconexión regional del conflicto implica que un acuerdo para frenar la escalada deberá incluir otros frentes, como el aliado de Teherán, Hizbulá, en el Líbano.

Diferencias con la guerra de 2015

La estrategia iraní actual difiere de la guerra de junio de 2015, en la que Teherán negoció rápidamente un alto el fuego. El ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, declaró que no quieren un alto el fuego y que la guerra debe terminar de manera que sus enemigos no vuelvan a pensar en repetir tales ataques.