El artista catalán Joan Miró es conocido por sus obras innovadoras y surrealistas, pero su vida personal era un torbellino de pasión y creatividad. Un nuevo libro, Loeb-Miró. Correspondances 1926-1936, revela cartas inéditas entre Miró y su galerista Pierre Loeb, que muestran la lucha del artista entre su pulsión erótica y la necesidad de orden. El libro, que se publica en Francia el 3 de abril, ofrece una visión íntima de la vida de Miró.
La relación tormentosa con Dora Bianka
Joan Miró en su estudio, rodeado de obras de arte y papeles con notas (Fuente: El País)
Joan Miró, en una imagen de 1935.Historical (Corbis via Getty Images)
Las cartas confirman la relación tormentosa de Miró con la pintora polaca Dorota Kucembianka, conocida como Dora Bianka. En 1926, Dora Bianka perseguía a Miró enfurecida, exigiéndole dinero para pagar a un abogado y un piso. El divorcio de su marido, Charles J. Kelynack, se consumó en julio de ese año. Miró se refirió a Dora Bianka como Mme K. y Mlle B. en dos famosos lienzos de 1924.
En 1927, Miró se comprometió con Pilar Tey, pero poco después contrajo una grave enfermedad venérea. Escribió a Loeb que estaba "muy apurado tratando de inventar historias" y que "todo el mundo cree que tengo una gran debilidad general que hay que tratar". Esta enfermedad influyó en algunas de sus obras y en su visión de la vida.
La búsqueda de una vida ordenada
Miró estaba harto de vivir en "agujeros húmedos" y "colonias de artistas". Ansiaba una vida ordenada y un pequeño apartamento donde pudiera trabajar a su gusto. Su pintura celebraba la liberación del inconsciente, pero en lo personal experimentaba el desasosiego ante lo incontrolable. Necesitaba orden para dominar sus "salvajes demonios interiores".
La sublimación del deseo
Miró desplazó sus fantasmas hacia una sublimación máxima. Crear era para él un acto erótico donde lo masculino y lo femenino eran polos magnéticos. Intentó recuperar algo más primitivo y sagrado en su iconografía, donde las figuras femeninas encarnaban potencias ambivalentes. Frente al fetichismo de muchos surrealistas, Miró buscaba algo más profundo.
El legado de Miró
El nieto del artista, Joan Punyet Miró, ha permitido el acceso a estas cartas inéditas, que revelan la espontaneidad y la sinceridad de Miró. El artista escribió a Loeb que "no se debe hacer pintura con un preservativo inglés". Si uno se contagia de sífilis y muere, "pues qué se le va a hacer". Con el preservativo, no se hacen hijos, y la humanidad sería pronto liquidada.
La estabilidad y el matrimonio
Miró encontró la estabilidad definitiva con Pilar Juncosa en 1929, un matrimonio alentado por sus madres respectivas. Escribió que "todos los ideales humanos me parecen una grotesca payasada". Ridículo querer vivir como artista; uno debe aceptar vivir como hombre, humildemente. Miró buscaba ganar en profundidad humana enfrentando la vida y aceptándola humildemente.
La pasión y la creatividad
La pasión y la creatividad fueron los motores de la vida de Miró. Sus cartas a Loeb revelan la lucha entre su pulsión erótica y la necesidad de orden. Su legado artístico es un testimonio de su búsqueda de la libertad y la expresión. La publicación de estas cartas ofrece una visión única de la vida y la obra de este artista innovador.