En Catalunya, la práctica de los 'ocellaires' se encuentra en un momento crítico. Las asociaciones de silvestristas, que durante décadas han organizado concursos de canto de aves, están envejeciendo y perdiendo participantes. La prohibición de capturar fringílidos en el medio natural ha generado una tensión entre la tradición y el marco legal.
La crisis de los 'ocellaires'
Un juez evalúa el canto de un jilguero en un concurso de 'ocellaires' en Catalunya. (Fuente: El Periódico)
Participantes en un concurso en la Associació Ocellaire de Torelló. / Carlos Molina Iserte
La sensación de final de ciclo es omnipresente en las asociaciones de la comarca de Osona, donde algunas remontan sus orígenes a mediados del siglo XIX. Los miembros superan mayoritariamente los sesenta años y apenas hay jóvenes. La prohibición de capturar fringílidos se vive como una restricción legal y como la ruptura de una forma de vida compartida.
Sin embargo, en la corona metropolitana de Barcelona, el relevo generacional ha seguido otro camino. La comunidad gitana sostiene buena parte de la actividad y ocupa mayoritariamente los espacios donde aún se organizan concursos de canto. La valoración de las especies en concurso se basa en la presteza de su canto, mientras que en el interior de Catalunya se valora la capacidad de resistencia.
Diferencias geográficas y generacionales
Las diferencias no solo son generacionales y geográficas, sino que también se reflejan en la manera de entender los propios concursos. La relación con las aves no empieza ni termina en el concurso, sino que se construye con el tiempo y un cuidado que no se mide en puntos. La captura de fringílidos en el medio natural tiene un significado distinto en contextos donde la afición tiene raíces más profundas.
El futuro de la tradición
La Generalitat quiere poner coto a la situación y ha previsto una disposición para que los propietarios tengan que comunicar al Departamento de Transición Ecológica el número de ejemplares nacidos supuestamente en cautividad. Se busca potenciar la cría en cautividad y poner coto a la actividad irregular de tráfico de aves.
Un debate sobre la naturaleza
Mientras este mundo desaparece en unos territorios y se transforma en otros, nunca se ha hablado tanto de biodiversidad. La prohibición de la captura de fringílidos responde a una concepción de protección de la naturaleza a través de marcos normativos que buscan frenar la pérdida de biodiversidad. Sin embargo, para otros, la relación con el entorno se ha construido precisamente a través de esa interacción.
La prohibición y sus consecuencias
Desde 2015 está prohibido en Catalunya usar todo tipo de métodos para cazar vivos a los pájaros fringílidos, protegidos por el Convenio de Berna. Pero desde entonces ha aumentado el tráfico ilegal de estas aves y solo en los últimos años se estima que han entrado de forma ilegal en Catalunya unos 30.000 ejemplares de jilguero, verderón, pinzón y pardillo.
La cría en cautividad
La alternativa que se les ofreció a los aficionados a los concursos de pájaros cantores era criar a estas aves en casa. Para poder hacerlo, es obligatorio sacarse un carnet de criador, un trámite relativamente sencillo. Sin embargo, miles de aves protegidas entran en Catalunya desde Andalucía y la Comunitat Valenciana y se les colocan anillas falsas para parecer que se han criado aquí.
El tráfico de aves
Según el cuerpo de los Agents Rurals, este tráfico se ha profesionalizado tanto como el de droga. La Generalitat busca ahora poner coto a esta situación y potenciar la cría en cautividad. La intención es redactar un nuevo decreto que regule la cría en cautividad y ponga coto a la actividad irregular de tráfico de aves.