El conflicto en Oriente Próximo tendrá un impacto duradero en el mercado energético mundial, especialmente en el suministro de gas natural. La guerra entre Israel, Estados Unidos e Irán provocará una escasez estructural que impedirá que la capacidad mundial de exportación de gas licuado regrese a los niveles previos a la crisis hasta finales de 2028.

La razón se encuentra en el daño infligido a las infraestructuras críticas del golfo Pérsico, especialmente en el complejo petroquímico Pars Sur, el mayor yacimiento de gas natural del mundo que Irán comparte con Qatar. El bombardeo de este complejo por parte de Israel ha cruzado el Rubicón de la guerra energética, provocando un golpe estructural para la oferta mundial de combustible.

El efecto en la oferta mundial de gas

Un reciente informe del Instituto de Estudios Energéticos de Oxford anticipa que la reparación de los trenes de licuefacción clave del complejo de Ras Laffan (Qatar) no se completará hasta 2031, incluso en el escenario más optimista. Esto obligará a Qatar a retrasar proyectos de expansión vitales, como el ambicioso North Field East, que estaban llamados a impulsar la oferta mundial de gas.

La escasez estructural provocará una "nueva normalidad" de precios altos y volatilidad extrema en el mercado energético. El documento avisa que la plena convergencia entre oferta y precios no se dará hasta la década de 2030. Para Europa, supone menos margen de maniobra para llenar unos inventarios de gas que podrían situarse en mínimos históricos de cara a los próximos inviernos.