La ansiedad de los padres ante el impacto de las redes sociales en la salud mental infantil ha llevado a gobiernos e institutos a imponer prohibiciones drásticas. Sin embargo, la evidencia psicológica y tecnológica sugiere que el camino más seguro no pasa por restringir el acceso a internet, sino por enseñar a navegar en él de manera segura.
El problema de las prohibiciones
Las prohibiciones generalizadas de móviles en institutos y el control parental severo pueden parecer soluciones efectivas, pero la realidad es que erosionan la confianza entre padres e hijos. Los investigadores Sandra Cortesi y Urs Gasser, de la Universidad de Harvard y la Universidad Técnica de Múnich, concluyen que estas medidas son 'instrumentos contundentes pero científicamente débiles'.
Un enfoque alternativo
En lugar de aislar a los menores, los expertos proponen un cambio radical en cómo diseñamos y usamos la tecnología. Cuatro estrategias prácticas pueden ayudar:
- Fomentar la comunicación abierta entre padres e hijos sobre el uso de la tecnología.
- Enseñar a los niños a navegar en internet de manera segura y responsable.
- Implementar herramientas de control parental que no sean contraproducentes.
- Obligar a las grandes tecnológicas a auditar sus productos para garantizar la seguridad infantil.





