La salud mental es una de las grandes crisis silenciosas de nuestro tiempo. La excesiva medicalización de la vida cotidiana está llevando a la patologización de las emociones y experiencias humanas. Esto no solo colapsa los sistemas de salud mental, sino que también deja sin atención a quienes verdaderamente la necesitan.
La medicalización de la vida cotidiana
La reducción de la tolerancia al infortunio no puede resolverse con psicofármacos diseñados para enfermedades graves. La tristeza, la rabia, la decepción, la amargura o la desolación son emociones que tejen nuestras vidas. Sin embargo, estas emociones están siendo convertidas en trastornos clínicos, lo que no alivia el sufrimiento humano.
Un enfoque equivocado
El psiquiatra Guillermo Lahera describe en su libro 'Las palabras de la bestia hermosa' cómo jóvenes llegan a urgencias con autolesiones tras un suspenso en matemáticas, una pelea con su madre o una ruptura amorosa. Estos casos son ejemplos de cómo la medicalización excesiva está llevando a la patologización de la vida cotidiana.
Datos elocuentes
En Cataluña, las bajas laborales por causas psiquiátricas han crecido un 70% en cinco años. La cohorte PADRIS-PRESTO revela patrones de prescripción que sus autores instan a revisar para garantizar que respondan a indicaciones clínicas reales. La atención primaria no tiene tiempo, y cuando no hay tiempo, lo más sencillo es extender una receta.





