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Granollers ha completado la renovación del entorno natural del río Congost, convirtiendo sus márgenes en un espacio verde que combina infraestructura climática con vida urbana. El proyecto es la pieza central de la 'Anilla Verde', una transformación urbanística que redefine cómo la ciudad se relaciona con la naturaleza y se prepara para los retos del futuro.

Los números de la intervención

La magnitud de las obras habla por sí sola. El ayuntamiento ha plantado 450 árboles y distribuido 15.800 metros cuadrados de arbustos y flores a lo largo del cauce. Esta vegetación absorberá 100 toneladas de CO₂ al año, una contribución tangible contra la emergencia climática.

Además, se han permeabilizado 21.500 metros cuadrados de suelo para que el agua de lluvia se infiltre naturalmente. En un contexto de sequías cada vez más intensas, esta decisión permite aprovechar mejor los recursos hídricos y reduce el riesgo de inundaciones.

Un río vuelto a la vida cotidiana

El cambio es visible al pasear por Granollers. El río Congost, que durante décadas fue una cicatriz en el tejido urbano, es ahora un lugar donde los vecinos disfrutan del aire libre, practican deporte, se sientan al sol y se relacionan.

La renaturalización ha recuperado el cauce natural, protege la fauna y flora autóctonas, y mejora la calidad ecológica del entorno. Pero más allá de los números, el cambio es emocional: el río ha dejado de ser un límite para convertirse en una oportunidad.

Más allá del río: la ciudad verde

La renovación del Congost es solo una parte de la estrategia municipal. La 'Anilla Verde' extiende su lógica a todo el municipio. Las calles de las Tres Torres y Emili Botey forman ahora un nuevo eje verde que atraviesa Granollers de este a oeste, conectando el río con los barrios y devolviéndolo a la vida cotidiana de los vecinos.

Los barrios de Primer de Maig e Instituts han sido renovados para albergar más zonas verdes y priorizar el tránsito a pie y en bicicleta. El ayuntamiento apuesta por reducir el uso del vehículo privado, una decisión que va más allá de la movilidad: es una declaración sobre qué es importante en la ciudad.

Una ciudad que se reinventa

Granollers responde así a las preguntas que toda ciudad debe hacerse en algún momento: ¿Las calles son solo lugares de paso o espacios donde vivir? ¿Los ríos son límites u oportunidades? ¿Construimos con más cemento o con más vegetación?

La respuesta de este municipio es clara. El ayuntamiento entiende que transformar una población es transformar su manera de vivir. Y que las ciudades del futuro no solo deberán ser más sostenibles, sino también más resilientes: capaces de adaptarse, conscientes de sus límites y de sus recursos.

Esta transformación se alinea con iniciativas similares en otros municipios catalanes. Sant Boi de Llobregat ha transformado 65.000 metros cuadrados en una red verde conectada contra el cambio climático, mientras que Badalona acomete una transformación urbana sin precedentes con reformas en el centro y nuevos espacios verdes.

Lo que viene

Granollers construye en alianza con instituciones y ciudadanía. El proyecto no es solo una serie de actuaciones concretas, sino un relato sobre cómo las ciudades pueden evolucionar sin perder su identidad, incluso recuperándola. Cómo pueden crecer hacia dentro, revisándose, repensándose y adaptándose a un mundo que cambia más rápido que nunca.

Pablo Hernández Gil
Pablo Hernández Gil

Crítico Cultural

Crítico cultural y escritor. Colaborador habitual en medios literarios.

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