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Granollers ha completado la renovación del entorno natural del río Congost, convirtiendo sus márgenes en un espacio verde que combina infraestructura climática con vida urbana. El proyecto es la pieza central de la 'Anilla Verde', una transformación urbanística que redefine cómo la ciudad se relaciona con la naturaleza y se prepara para los retos del futuro.

Los números de la intervención

La magnitud de las obras habla por sí sola. El ayuntamiento ha plantado 450 árboles y distribuido 15.800 metros cuadrados de arbustos y flores a lo largo del cauce. Esta vegetación absorberá 100 toneladas de CO₂ al año, una contribución tangible contra la emergencia climática.

Además, se han permeabilizado 21.500 metros cuadrados de suelo para que el agua de lluvia se infiltre naturalmente. En un contexto de sequías cada vez más intensas, esta decisión permite aprovechar mejor los recursos hídricos y reduce el riesgo de inundaciones.

Un río vuelto a la vida cotidiana

El cambio es visible al pasear por Granollers. El río Congost, que durante décadas fue una cicatriz en el tejido urbano, es ahora un lugar donde los vecinos disfrutan del aire libre, practican deporte, se sientan al sol y se relacionan.

La renaturalización ha recuperado el cauce natural, protege la fauna y flora autóctonas, y mejora la calidad ecológica del entorno. Pero más allá de los números, el cambio es emocional: el río ha dejado de ser un límite para convertirse en una oportunidad.