Las gratitudes, el superventas francés de Delphine de Vigan, debuta en el teatro español de la mano del director Juan Carlos Fisher. El montaje se estrena este jueves en el Teatro de la Abadía de Madrid y permanecerá en cartel hasta el 10 de mayo.
La adaptación cuenta la historia de Michka, una mujer septuagenaria que vive en una residencia de mayores y lucha contra la afasia —la pérdida progresiva de lenguaje— mientras intenta expresar su gratitud antes de que desaparezca la capacidad de hablar. Un personaje que exige un trabajo emocional intenso y que Gloria Muñoz encarna en escena.
Cómo llegó esta historia a los escenarios
La novela llegó a España en 2021, en plena pandemia, y tocó una fibra especialmente sensible. Hablaba de gratitud en un momento en que ese sentimiento se volvió cotidiano, pero también abordaba temas incómodos: el final de la vida, la dependencia, la fragilidad. Se coló rápidamente en las listas de más vendidos y sigue ahí.
Fisher fue uno de esos miles de lectores que sintió el impacto del libro. "Me traspasó completamente", cuenta el director, quien en los últimos años ha trabajado en producciones españolas de éxito, como Prima Facie con Victoria Luengo. "El mundo cambió y el agradecimiento por estar vivo se volvió muy importante. Me hizo pensar en las cosas que no me había atrevido a decir, y empecé a mandar mensajes y a llamar para que no fuera tarde".
Esa experiencia personal lo llevó a trabajar en una adaptación que se inscribe en dos de las tendencias teatrales más evidentes ahora: la de convertir novelas de éxito en obras de escena y la de representar la fragilidad y la muerte en el teatro.
La puesta en escena: blanco, silencio y pérdida
Fisher condensa el espíritu del texto original en una escenografía cuadrada y blanca, fiel a su estilo de trabajos anteriores. Usa efectos de sonido como leitmotiv y cortes abruptos en la iluminación y las escenas para reflejar esa sensación de pensamiento amputado, de memoria que se desmorona.
Michka no está sola en el escenario. La acompañan Marie —una joven a quien cuidó de niña— y Jérôme, el logopeda que le ayuda con el habla. Ambos personajes, interpretados por Macarena Sanz y Rómulo Assereto, observan el conflicto desde dos puntos de vista que resuenan hoy: la vida en una residencia de ancianos y la relación entre generaciones.
Gloria Muñoz: "Exige un gran trabajo emocional interno"
"Desde que la leí, dije: 'Este personaje es para mí'", explica Gloria Muñoz, quien da vida a Michka. "Me atrajo mucho esa necesidad de comunicarse antes de perder las palabras y quedarse sin el pensamiento. Exige un gran trabajo emocional interno, de ver a la gente que le ocurre esto y al mismo tiempo buscar cómo te sentirías tú".
Para Macarena Sanz, que interpreta a Marie, el dilema es otro: la tristeza de perder a alguien a quien quieres muchísimo convive con la complejidad del cuidado. Una batalla entre "no convertirse en paternalista" y "la necesidad de cuidar a esa persona y a la vez querer estar en su vida".
Por qué esta novela arrasó entre los jóvenes
La novela se convirtió en un fenómeno en las redes sociales. Creadores de contenido con millones de seguidores la recomendaban y analizaban. Quizá porque Marie, el personaje joven, se enfrenta a dilemas habituales de su generación: cómo cuidar a los mayores sin perder su propia vida, cómo mantener la dignidad de quien envejece, cómo decir adiós.
Esta temporada, la muerte y la fragilidad humana abundan especialmente en los escenarios españoles. Son temas centrales en la historia del teatro, pero ahora regresan con fuerza, reflejando una necesidad de hablar de lo que nos asusta.
Qué esperar del montaje
La progresión de Michka en escena es brutal en su sencillez. Comienza confundiendo palabras, con momentos que incluso tienen humor. Termina sin poder pronunciarlas. Es el viaje de una persona que se desmorona lentamente, y Fisher lo pone todo en el escenario: el silencio, la frustración, la urgencia de ser escuchada antes de que sea demasiado tarde.