La mediación que sorprendió al mundo

Pakistán ha logrado lo que parecía imposible hace apenas 48 horas: convencer a Donald Trump de aplazar sus amenazas contra Irán y conseguir que Teherán acepte negociar. El primer ministro Shehbaz Sharif, de 74 años, fue quien públicamente pidió al presidente estadounidense que detuviera su ultimátum durante dos semanas, mientras solicitaba a Irán que reabriera el Estrecho de Ormuz como "gesto de buena voluntad".

La respuesta fue inmediata. Menos de una hora después, Trump anunció el alto el fuego bilateral y reconoció explícitamente el papel central de Pakistán en la mediación. El presidente estadounidense confirmó que había mantenido conversaciones directas con Sharif y con el general Asim Munir, jefe del ejército paquistaní, a quien muchos analistas señalan ahora como el verdadero arquitecto de la tregua, aunque trabajando desde un segundo plano.

Dos caras de una estrategia

Esta crisis internacional ha catapultado a ambos dirigentes a la escena diplomática global. Sharif actúa como la voz pública de la iniciativa, mientras que Munir funciona como su cerebro estratégico. El primer ministro fue quien anunció que Islamabad acogerá el viernes la primera ronda de negociaciones cara a cara para alcanzar un acuerdo de paz definitivo.

La sorpresa mayor llegó cuando Trump reveló que China había sido determinante en convencer a Irán para negociar. La superpotencia asiática, que durante décadas ha sostenido económicamente al régimen iraní a través de sanciones internacionales, se comprometió además a actuar como garante de que Estados Unidos acepte algunos de los diez puntos propuestos por la República Islámica para un fin definitivo del conflicto. Los funcionarios iraníes confirmaron esta intervención china en el último minuto.