Estudio revela adaptación urbana en Mesopotamia

El artículo científico, liderado por la arqueóloga Deborah Priß, apareció en la revista Antiquity y analiza 2.500 años de evolución urbana en el valle del Habur, en la actual zona de Mesopotamia. El trabajo muestra que, pese a episodios de colapso, las ciudades lograron reconstruirse gracias a cambios en sus conexiones y en la distribución del poder.

Cómo y por qué las ciudades se reconfiguraron

El estudio emplea el modelo de ciclo adaptativo de C. S. Holling, que define cuatro fases: crecimiento, conservación, colapso y reorganización. Los investigadores trazaron la red de caminos conocidos como hollow ways y midieron su densidad y centralización en cada periodo de la Edad del Bronce. En el Bronce Antiguo I (3000‑2500 a.C.) la red era densa pero poco extensible, lo que dejó a los asentamientos vulnerables a cambios externos. Durante el Bronce Antiguo II (2500‑2000 a.C.) algunas urbes crecieron rápidamente, concentrando población y recursos, pero esa concentración generó tensiones cuando el clima se volvió más seco.

Más adelante, en el Bronce Medio, surgieron reinos con estructuras más estables, aunque sus fronteras fluctuaban con frecuencia. El Bronce Tardío vio la aparición del reino de Mitanni, que aportó una fase de relativa estabilidad antes de que la transición a la Edad del Hierro provocara una nueva reorganización. Finalmente, bajo el Imperio neoasirio (900‑600 a.C.) las antiguas ciudades sobre montículos fueron abandonadas y se difundió una red homogénea de pequeños asentamientos que canalizaba recursos hacia centros como Assur o Nínive. Esta redistribución redujo la dependencia de urbes aisladas y aumentó la capacidad de adaptación ante crisis.