El rey Carlos III y la primera dama Melania Trump asistieron a un banquete de Estado en la Casa Blanca el lunes 28 de abril, en el marco del viaje oficial de los monarcas británicos a Estados Unidos. El evento tuvo lugar en el Salón de los Espejos y reunió a altos dignatarios de ambas naciones.
En la mesa principal se sentaron el presidente Donald Trump, el rey Carlos, la primera dama Melania y la reina consorte Camila, acompañados de sus gabinetes. Los invitados lucieron trajes de gala; Melania portó un vestido Dior pastel, mientras Carlos apareció con un traje tradicional británico y una insignia alusiva a la independencia estadounidense.
Banquete de Estado en la Casa Blanca con el rey Carlos III y Donald Trump
Detalles de la velada: bromas, regalos y declaraciones controvertidas
Durante los discursos previos al brindis, Carlos bromeó diciendo que sin los británicos el presidente hablaría francés, aludiendo a la colonización inglesa de América. "De no ser por nosotros, usted hablaría francés", comentó el monarca, provocando risas.
Trump respondió con una referencia a la historia colonial, insinuando que sin Estados Unidos los europeos hablarían alemán, lo que también generó carcajadas entre los presentes.
El rey entregó a Trump una campana del submarino HMS Trump, hundido en 1944, como símbolo de la historia compartida. Al recibir el obsequio, Carlos declaró que la campana serviría como testimonio de la alianza y que, si necesitaban contactar al Reino Unido, "simplemente nos llamen".
En un giro inesperado, Trump afirmó que EE. UU. había "derrotado militarmente" a Irán y que "nunca permitirá que ese adversario tenga un arma nuclear". "Irán está derrotado y no tendrá armas nucleares", declaró el presidente, generando sorpresa.
El Palacio de Buckingham respondió que el rey mantiene una neutralidad política y que su gobierno sigue una larga política de no proliferación nuclear. Un portavoz subrayó que el monarca está al tanto de la posición británica, pero no se involucra en debates de política exterior.
Implicaciones geopolíticas y posibles repercusiones
La interacción refuerza la llamada "relación especial" entre Reino Unido y EE. UU., pero las declaraciones de Trump ponen a prueba los límites de esa alianza. Expertos advierten que la insinuación de apoyo del monarca a la política iraní de Washington podría generar tensiones con el nuevo gobierno británico de Keir Starmer, que mantiene una postura más cautelosa.
El Palacio de Buckingham, al reiterar la neutralidad del rey, busca evitar que la polémica se traduzca en un deterioro de las relaciones diplomáticas. En Washington, la Casa Blanca ha defendido la postura de Trump como parte de su estrategia contra el programa nuclear iraní, citando la necesidad de "garantizar la seguridad global".
Los analistas señalan que la cena, pese a su tono festivo, ha puesto en evidencia la fragilidad de la cooperación anglo‑estadounidense en medio de conflictos en Oriente Medio. Si la controversia se extiende, podría influir en la agenda del próximo discurso del rey en el Congreso de EE. UU., programado para la próxima semana, y en las negociaciones sobre acuerdos de defensa.
En cualquier caso, la escena de la Casa Blanca muestra cómo los gestos ceremoniales pueden convertirse en escenarios de confrontación política. Se espera que ambos gobiernos gestionen la controversia con diplomacia para evitar que un intercambio de bromas y regalos se convierta en un punto de fricción permanente.