María Esther Rubio, agricultora de Barcia: 37 años de cultivo sostenible

María Esther Rubio Menéndez lleva 37 años trabajando la tierra en Barcia, Valdés. Cada mañana se levanta antes del alba para atender tomates, guisantes, berzas, cebollas y otras verduras de temporada que vende en los mercados de la zona. Su huerta comenzó como un simple hobby, una actividad que disfrutaba entre risas y partidas de cartas. Con el tiempo, la pasión se transformó en una pequeña empresa familiar que abastece a vecinos y a clientes de toda Asturias.

Desafíos y adaptaciones: del hobby al invernadero frente al cambio climático

El clima ya no sigue los ritmos tradicionales; las estaciones aparecen desordenadas y las nieblas se mezclan con olas de calor inesperadas. "Con las nieblas y el calor ya no hay manera", explica Rubio, señalando que el cambio climático ha obligado a replantear su forma de cultivar. Para contrarrestar la inestabilidad, instaló un invernadero de estructura ligera que le permite proteger cultivos clave. La decisión no solo salvó la cosecha de este año, sino que también le abrió la puerta a nuevas variedades que antes no podían crecer al aire libre. El efecto del clima se percibe en la escasez de productos como los guisantes, que hoy son el artículo más buscado. "No los hay", afirma con una sonrisa irónica, mientras los compradores esperan en fila por los pocos racimos que logra producir. Esta escasez recuerda que el mismo fenómeno climático amenaza a otras especies, como el ().