Destrucción de virus COVID‑19 y gripe con ultrasonido

En un estudio publicado en Scientific Reports (2026), investigadores de la Universidad de São Paulo (USP) mostraron que ondas ultrasónicas de alta frecuencia pueden desintegrar el SARS‑CoV‑2 y el virus de la influenza A/H1N1 en pruebas de laboratorio. El experimento, realizado entre enero y marzo de 2026, utilizó cultivos celulares infectados y los expuso a frecuencias entre 3 y 20 MHz, con especial eficacia a 7,5 MHz.

Los resultados indican que la exposición de tan solo 30 segundos reduce drásticamente la capacidad infectiva del coronavirus y elimina por completo la detección de partículas virales de la gripe. Las cepas analizadas incluyeron la variante Delta del SARS‑CoV‑2, la Gamma y la cepa original de Wuhan, todas vulnerables aunque con distintas sensibilidades.

Mecanismo de resonancia acústica y resultados experimentales

El equipo describió el proceso como resonancia acústica, una interacción mecánica que hace vibrar la envoltura viral a su frecuencia natural, provocando su ruptura sin generar cavitación ni elevación térmica. Microscopía electrónica mostró partículas virales con superficies irregulares y contornos colapsados tras el tratamiento.

En los ensayos con SARS‑CoV‑2, la tasa de infección en células Vero disminuyó en más del 99 % después de la exposición a 7,5 MHz. En cultivos posteriores, la replicación viral cayó a niveles indetectables. Con la influenza A/H1N1, la destrucción fue aún más completa: no se registraron señales virales en los rangos evaluados, lo que sugiere una degradación estructural extensa.

Los autores atribuyen la variabilidad entre linajes a diferencias en la geometría de la partícula viral. "La sensibilidad depende más de la arquitectura de la envoltura que de mutaciones puntuales", señaló el Dr. Flavio P. Veras, líder del proyecto.

Implicaciones y próximos pasos para una terapia antiviral sin fármacos

Los investigadores proponen que la resonancia acústica podría incorporarse en dispositivos de desinfección de superficies, mascarillas o incluso en tratamientos locales para pacientes con infecciones respiratorias. Sin embargo, advierten que los datos provienen de cultivos in vitro; se requieren ensayos in vivo para evaluar seguridad y eficacia en tejidos humanos.

La FAPESP ha anunciado una financiación adicional para desarrollar prototipos de equipos portátiles que operen en el rango de 7‑8 MHz. El objetivo es escalar la tecnología para uso clínico y comercial, manteniendo la integridad de las células humanas circundantes.

Si los ensayos clínicos confirman los resultados, se abriría una vía antiviral no farmacológica que podría complementar vacunas y antivirales, especialmente frente a nuevas variantes o virus emergentes. La capacidad de desactivar virus sin depender de moléculas químicas reduciría riesgos de resistencia y efectos secundarios.

En conclusión, la demostración de que el ultrasonido de alta frecuencia puede desestabilizar virus respiratorios marca un hito en la biotecnología. La comunidad científica seguirá de cerca los próximos estudios, mientras la USP avanza hacia la creación de dispositivos que podrían transformar la prevención y el tratamiento de enfermedades infecciosas.

Jesus Gil Moreno
Jesus Gil Moreno

Redactor científico

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