El 18 de mayo de 1980 el Monte Santa Helena, situado en el estado de Washington, EE. UU., explotó con una fuerza equivalente a ≈24 Mt de energía, mató a 57 personas y fue audible a más de 300 km.
Erupción del Monte Santa Helena 1980: 57 muertos y explosión audible a 300 km
La explosión se produjo a las 8:32 a.m. hora local y lanzó una columna de vapor y ceniza que alcanzó los 24 km de altura. En cuestión de minutos la onda expansiva derribó 10 millones de árboles, destruyó 200 casas, 47 puentes, 24 km de vías férreas y 300 km de autopistas.
El sonido del estallido se escuchó en ciudades a más de 300 km, como Portland y Boise, generando pánico generalizado. La caída de ceniza cubrió gran parte del noroeste del Pacífico, provocando la interrupción del tráfico aéreo y la suspensión de servicios esenciales durante varios días.
Causas y desarrollo de la erupción del 18‑05‑1980
Un sismo de magnitud 5,1 sacudió el flanco norte del volcán el 20 de marzo, iniciando una serie de temblores que debilitaron la estructura del cono. El 18 de mayo, un deslizamiento masivo de rocas y hielo, el más grande registrado en EE. UU., abrió una vía de escape para la presión acumulada.
Al romperse la cumbre, el magma entró en contacto con agua subterránea, generando una explosión de vapor y gases que liberó la energía mencionada. "Nunca habíamos visto una explosión de tal magnitud en el continente," declaró un geólogo del USGS tras el evento.
Impacto geopolítico y ambiental inmediato
La destrucción de infraestructuras críticas obligó al gobierno federal a declarar estado de emergencia y a destinar $1.000 millones en fondos de reconstrucción. La pérdida de cultivos de trigo, manzanas y patatas afectó la balanza comercial agrícola del Pacífico Noroeste durante varios años.
En el plano ambiental, la erupción mató a 1 500 alces, 5 000 ciervos y provocó la muerte de 12 millones de salmones al contaminar sus criaderos. La devastación de bosques alteró la biodiversidad regional y aceleró la erosión del suelo, generando riesgos de deslizamientos posteriores.
Lecciones y repercusiones a largo plazo
Tras la erupción, la cumbre del volcán perdió ≈400 m, pasando de 2 950 m a 2 550 m, y quedó un cráter abierto al norte. El cambio de forma obligó a los científicos a replantear los modelos de predicción volcánica.
El Congreso aprobó la Ley de Monitoreo Volcánico de 1982, creando una red de sensores sísmicos y de gases que hoy cubre más de 150 volcanes en EE. UU. Estas medidas han reducido significativamente el tiempo de respuesta ante emergencias, sirviendo de modelo para la gestión de desastres en otras regiones del mundo.
El legado del Monte Santa Helena sigue presente: la lección de una evacuación anticipada salvó cientos de vidas y consolidó la cooperación entre agencias federales, estatales y locales. La experiencia sigue influyendo en la planificación de riesgos frente a fenómenos naturales en todo el territorio estadounidense.
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Corresponsal Internacional
Corresponsal internacional con base en Bruselas. Experta en asuntos europeos.
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