Resumen de la noticia
Javier Mateos, de 60 años, residente en Gijón, recorre a diario las calles de Montevil con dos muletas. A pesar de la neurofibromatosis tipo 1 y de complicaciones tras una operación de columna, el gijonés afirma sentirse afortunado por seguir de pie.
Su rutina incluye visitas médicas, trabajo de jardinería ligera y el acompañamiento de su esposa, quien también vive con una lesión medular. La historia ilustra la resiliencia frente a una enfermedad que suele limitar la movilidad.
Detalles del diagnóstico, cirugías y adaptación
A los 15 años se le diagnosticó neurofibromatosis tipo 1 después de que los médicos observaran manchas café con leche en su piel. El informe describió una "doble desviación de columna vertebral" y, poco después, se le implantaron barras de Harrington para corregir la escoliosis.
Un año después de la intervención, las barras se rompieron. La reparación resultó inviable, lo que provocó un año entero en escayola y un dolor crónico que amenazó con dejarlo en silla de ruedas. "Pensé que a los 40 años estaría en silla de ruedas", recuerda Mateos.
Tras la fase de inmovilización, aprendió a caminar nuevamente usando muletas. La adaptación incluyó fisioterapia intensiva y la adquisición de dispositivos de apoyo que le permiten desplazarse con seguridad y evitar caídas.





