Uso de cuevas submarinas en Formícula
En el verano de 2020‑2021 los investigadores del Tethys Research Institute y la Octopus Foundation detectaron que las focas monje del Mediterráneo se refugiaban en una pequeña cavidad submarina del islote griego de Formícula. Las cámaras instaladas en 2019 registraron actividad en 119 de 141 días de observación, mostrando a los mamíferos flotando inmóviles dentro del estrecho túnel. El acceso a la cueva requiere nadar a más de un metro de profundidad a través de un corredor de apenas un metro de ancho, lo que la hace prácticamente invisible para embarcaciones y buzos. "Es un escondite natural que dificulta la detección por parte de depredadores y humanos", explicó el investigador J. Gonzalvo.
Detalles del comportamiento observado
Durante los 141 días de vigilancia, la cueva principal fue visitada en solo 30 jornadas, mientras que la cavidad secundaria fue ocupada en la mayoría de los días. Las grabaciones mostraron a las focas descansando sobre el fondo rocoso, suspendidas verticalmente y, en ocasiones, durmiendo boca abajo con la respiración suspendida. Se observaron grupos de hasta tres focas simultáneas, sin que ninguna de ellas tuviera una plataforma seca para salir del agua. Esta ausencia de zona de descanso terrestre indica que los animales priorizan la seguridad del entorno sobre la comodidad de secado del pelaje.
Implicaciones para la conservación de la especie
El hallazgo sugiere la existencia de refugios naturales que podrían aliviar la presión humana sobre la especie, que hoy cuenta con apenas unos cientos de ejemplares en Grecia, Turquía y el Atlántico oriental. La identificación de estas cuevas abre la puerta a nuevas estrategias de gestión, como la protección de los accesos submarinos y la limitación de actividades turísticas en áreas cercanas. Los investigadores proponen ampliar la monitorización con cámaras adicionales y estudiar la distribución de cuevas similares en otras costas mediterráneas. "Si conseguimos preservar estos microhábitats, podríamos mejorar la supervivencia de la foca monje a largo plazo", afirmó el equipo de Tethys.
Qué puede pasar a continuación
Las autoridades locales ya están evaluando la posibilidad de declarar la zona de Formícula como área protegida. Mientras tanto, el estudio impulsa la creación de protocolos de observación no invasiva y la sensibilización de la comunidad pesquera y turística sobre la importancia de estos refugios. Si se implementan medidas de protección, las focas monje podrían contar con lugares seguros para descansar, reduciendo el estrés y aumentando sus oportunidades de reproducción. El futuro de la especie dependerá de la rapidez con la que se traduzcan estos descubrimientos en acciones concretas.
Temas relacionados
Redactor científico
¿Te ha gustado este artículo?
Suscríbete a nuestro boletín y recibe las mejores noticias en tu correo cada día.





