El Alkmaar Cheese Market abre sus puertas cada viernes de 10 h a 13 h, del último viernes de marzo al último viernes de septiembre, en la emblemática plaza Waagplein. Miles de turistas llegan a la ciudad a observar cómo se despliegan 30 000 kg de Gouda y Edam, una escena que ha explotado en redes sociales por su singular ritmo y solemnidad.
Alkmaar Cheese Market
En la mañana, los camiones cargados de quesos llegan a las 7 h y descargan filas de ruedas que cubren la plaza. El bullicio se intensifica cuando, a las 9:30, el "padre del queso" revisa la lista de vendedores en el Waaggebouw; la puntualidad es obligatoria, y cualquier retraso conlleva una multa. A las 10 h, suena la campana del queso y comienza la subasta viva: los compradores evalúan aroma y elasticidad antes de sellar la compra con el tradicional *handjeklap, un aplauso que marca el cierre de cada trato.
El proceso culmina cuando el tasman pesa cada bolsa en la balanza, certifica el peso y sella la madera. Los queseros, en parejas, transportan las ruedas sobre cestas de más de 100 kg, avanzando al ritmo del *kaasdragersdribbel, un trote que parece coreografía. Esta combinación de precisión y espectáculo ha generado miles de videos que circulan por Instagram y TikTok, atrayendo a un público que busca experiencias auténticas.
El ritual comienza con la llegada de los camiones a las 7 h, cuando los operarios disponen hasta 2 400 ruedas en largas filas sobre el empedrado. Cada rueda se coloca sobre una tabla de madera, lista para ser inspeccionada. A las 9:30, los vendedores se congregan en el edificio de pesaje; el jefe, conocido como "padre del queso", pasa lista y verifica la presencia de los cuatro gremios tradicionales. La puntualidad es esencial: la tradición castiga la tardanza con una multa que refuerza la disciplina del mercado.
Cuando la campana suena a las 10 h, los compradores se acercan, huelen y tocan cada pieza, evaluando su contenido graso mediante la elasticidad. La negociación se lleva a cabo mediante el *handjeklap: el comprador aplaude una vez por cada oferta aceptada, y el último aplauso sella el precio. Tras acordar, el queso se coloca en una bolsa que el tasman pesa con exactitud. El peso se registra, se factura y la bolsa se sella, lista para el traslado final a los camiones de los compradores.
Los transportistas, conocidos como *kaasdragers, llevan las bolsas en cestas que pueden superar los 100 kg. Su paso, regulado por el *kaasdragersdribbel, crea una marcha sincronizada que recorre la plaza, ofreciendo a los espectadores una visión casi teatral del comercio tradicional. Esta coreografía, combinada con la magnitud de los quesos, ha capturado la imaginación de usuarios digitales, convirtiendo a Alkmaar en un punto de referencia para el turismo gastronómico.
historia del mercado de queso
Los orígenes del mercado se remontan a 1365, cuando los registros indican la existencia de una báscula para quesos en Alkmaar. Ese mismo año marcó el inicio de una actividad que, con el tiempo, se consolidó como eje económico de la ciudad. En 1593, se fundó el Gremio de Vendedores de Queso, institucionalizando la práctica y asegurando la continuidad de la tradición durante más de cuatro siglos.
Desde entonces, Alkmaar se autodenomina la "ciudad del queso" y ha preservado su arquitectura del siglo XVI, sus canales y, por supuesto, su famoso Museo del Queso. La combinación de patrimonio y actividad viva convierte a la Waagplein en un escenario donde pasado y presente dialogan. Como señala la página oficial del municipio, "hace casi 700 años, Alkmaar ya era una ciudad quesera"; hoy, esa herencia se traduce en una experiencia que atrae tanto a locales como a visitantes internacionales, reforzando el vínculo entre cultura y economía.
La viralidad del ritual no solo aumenta el número de visitantes; también impulsa la venta de productos locales y fomenta la conservación de técnicas ancestrales. Con la mirada puesta en la próxima temporada, los organizadores esperan que la combinación de tradición y presencia digital siga atrayendo a nuevos públicos, manteniendo viva la esencia de Alkmaar en cada *handjeklap.