Consumo desproporcionado y limitaciones de producción
EE. UU. ha empleado más de 1.000 interceptores Patriot y THAAD desde el inicio de la ofensiva contra Irán, agotando rápidamente sus almacenes. El despliegue masivo se ha concentrado en bases de la coalición en Arabia Saudí, Qatar, Emiratos Árabes Unidos e Israel, donde los misiles iraníes han alcanzado objetivos estratégicos.
Apenas 172 interceptores llegaron en el ejercicio fiscal 2026, una cifra que dista mucho de cubrir la demanda. Según el Center for Strategic and International Studies, las reservas no se repondrán por completo hasta 2029, pese al aumento del presupuesto de defensa.

"No deberíamos estar utilizando interceptores de un millón de dólares para derribar drones de 20.000 dólares. Al final, simplemente te quedas sin ellos", afirmó el senador demócrata Rubén Gallego durante una entrevista con el Real Instituto Elcano.
La industria de defensa estadounidense no puede seguir el ritmo de consumo. La producción anual de interceptores se sitúa en torno a 150 unidades, mientras que el conflicto exige más del doble, creando un déficit que se ampliará en los próximos años.
Contexto geopolítico de la escasez defensiva
La raíz del problema radica en la consolidación del sector: de 75 empresas en 1980 a solo cinco conglomerados (Lockheed Martin, Boeing, Raytheon, Northrop Grumman y General Dynamics). Menos fábricas y una planificación basada en guerras cortas dejaron a EE. UU. sin la capacidad de respuesta ante un conflicto prolongado.
Esta vulnerabilidad se traslada a los aliados. Ucrania, que depende de sistemas Patriot para su defensa aérea, ha visto reducida su disponibilidad de misiles. En el Indo‑Pacífico, Taiwán y Corea del Sur también están viendo sus reservas mermadas mientras Washington redirige recursos a la guerra con Irán.
Repercusiones y escenarios futuros
La escasez obliga a la OTAN a reconsiderar sus prioridades presupuestarias. Los estados miembros deberán financiar una expansión de la capacidad productiva estadounidense o buscar alternativas europeas, como los programas de misiles Aster y SAMP/T.
Washington está evaluando acelerar la línea de montaje de interceptores y abrir contratos a nuevos proveedores, aunque la complejidad tecnológica limita la rapidez del proceso. Mientras tanto, los aliados podrían reforzar sus propias industrias para reducir la dependencia de EE. UU.
En los próximos meses, la presión sobre los reservorios de interceptores será un factor decisivo en la planificación militar de la Alianza Atlántica. Si la tendencia de consumo continúa, la falta de cobertura antimisiles podría alterar el equilibrio estratégico en varios teatros, desde Europa del Este hasta el Mar del Sur de China.
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Corresponsal Internacional
Corresponsal internacional con base en Bruselas. Experta en asuntos europeos.
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