IA y su huella de carbono: la realidad detrás de los datos

Los últimos informes indican que los centros de datos dedicados a la IA generan CO₂ anual equivalente a la ciudad de Nueva York. Este dato sitúa a la inteligencia artificial entre los mayores responsables de emisiones del sector digital. La cifra no es aislada: el consumo hídrico asociado a la refrigeración de los servidores también alcanza niveles sorprendentes.

Cómo se generan las emisiones y el consumo de agua en la IA

Los servidores que procesan las consultas de IA convierten la energía eléctrica en calor. Para evitar el sobrecalentamiento, se emplean sistemas de refrigeración que recirculan agua a gran escala. Según los estudios, entre 5 y 50 consultas a ChatGPT pueden requerir medio litro de agua para mantener la temperatura adecuada.

Una consulta media a ChatGPT emite 0,28 g de CO₂, una cantidad que Andy Masley describió como "equivalente a reproducir un vídeo de 35 segundos". Este consumo se traduce en energía eléctrica proveniente, en su mayoría, de fuentes fósiles, lo que explica la emisión de gases de efecto invernadero.

El proceso de entrenamiento de los modelos también aporta una carga importante, aunque difícil de cuantificar con precisión. Cada iteración de aprendizaje profundo necesita cientos de GPU operando durante semanas, lo que eleva tanto la demanda eléctrica como el consumo de agua para refrigerar los equipos.