Un equipo de investigadores de la Universidad de Zurich y del Instituto Max Planck de Inmunología ha publicado hoy en PNAS que la tinta de los tatuajes se desplaza rápidamente por el sistema linfático y se instala en los ganglios que drenan la zona intervenida.

El hallazgo se obtuvo en modelos animales; la tinta apareció en los ganglios en minutos u horas tras la aplicación y permaneció detectable durante varios meses.

Tatuajes alteran el sistema inmunitario según nuevo estudio

Los científicos observaron que, tras la inyección de pigmentos en la dermis, éstos viajan por los vasos linfáticos y se acumulan en los ganglios de drenaje. En los ganglios, los macrófagos engullen los gránulos de tinta y los retienen en vacuolas intracelulares.

La presencia continua de estas partículas provocó una inflamación visible en el ganglio, incluso dos meses después del tatuaje. "La tinta actúa como una carga persistente para el sistema inmune", señaló la Dra. Arianna Capucetti, autora principal del estudio.

Cómo la tinta afecta a los macrófagos y a la respuesta vacunal

Los pigmentos inducen apoptosis de los macrófagos que los albergan, reduciendo su capacidad de presentar antígenos. En cultivos de células humanas se confirmó una pérdida significativa de viabilidad celular tras la exposición a la tinta.

En los experimentos, los roedores que recibieron una vacuna de ARN mensajero contra SARS‑CoV‑2 en una zona con ganglios cargados de tinta mostraron una reducción de anticuerpos frente a la vacuna. Curiosamente, la misma condición potenció la respuesta a una vacuna inactivada contra la gripe, generando niveles más altos de anticuerpos.

Implicaciones para la salud y la vacunación

Los resultados sugieren que administrar vacunas en áreas tatuadas podría disminuir la eficacia de vacunas basadas en ARN y alterar la respuesta a otras formulaciones. Los profesionales de la salud podrían considerar evitar inyecciones intramusculares cerca de tatuajes recientes o extensos.

Las tintas de tatuaje contienen metales pesados como níquel, cromo, cobalto y plomo, así como compuestos orgánicos azo y hidrocarburos aromáticos policíclicos. Bajo exposición a luz solar o al eliminarse con láser, algunos de estos componentes pueden degradarse en sustancias potencialmente mutagénicas.

Los autores llaman a una evaluación exhaustiva de la toxicidad de los componentes de la tinta y a estudios poblacionales que confirmen si los cambios inmunológicos observados en laboratorio se traducen en efectos clínicos a largo plazo.

En conclusión, la evidencia apunta a que la tinta de los tatuajes no es inocua para el sistema inmunitario y que su presencia puede influir en la respuesta a determinadas vacunas. Se espera que futuros ensayos clínicos definan protocolos de vacunación que tengan en cuenta la ubicación y la antigüedad de los tatuajes, ofreciendo a la población una guía más segura.

Jesus Gil Moreno
Jesus Gil Moreno

Redactor científico

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