El rey Alejandro falleció en Babilonia en junio de 323 a.C. sin nombrar sucesor, dejando un vacío que sus seis principales generales — Antígono Monoftalmos, Seleuco I Nicátor, Ptolomeo I Sóter, Lisímaco, Casandro y Eumenes — se apresuraron a ocupar mediante la fuerza.

Los diádocos: la ruptura del imperio de Alejandro Magno

Tras la muerte del conquistador, los diádocos se repartieron el territorio de Grecia a la India en una serie de campañas que duraron más de tres décadas. Cada uno tomó control de una zona estratégica: Antígono se alzó en Asia Menor, Seleuco en el Oriente Próximo, Ptolomeo en Egipto, Lisímaco en Tracia y Macedonia, Casandro en el Epiro y Eumenes mantuvo la lealtad a la dinastía arcaica en Asia Central. La ausencia de un mecanismo de sucesión provocó que los ejércitos, ya acostumbrados a la disciplina macedonia, se convirtieran en instrumentos de ambición personal.

Quiénes fueron los diádocos y cómo estalló la guerra de sucesión

Antígono Monoftalmos, hijo de un antiguo comandante macedonio, reunió una poderosa coalición y buscó recrear el imperio bajo su mando, pero su intento colisionó con el de Seleuco I, quien fundó la dinastía seléucida y defendió la integridad de los satrapatos orientales. , amigo cercano de Alejandro, consolidó el poder en Egipto y fundó la famosa ciudad de Alejandría, convirtiéndola en un centro cultural que perduró siglos. , veterano de las campañas indias, se aferró a Macedonia y Tracia, mientras que , hermano de Antígono, gobernó el Epiro con mano firme. , el único que permaneció leal al legado de Alejandro, luchó contra sus antiguos camaradas hasta su derrota en la batalla de Gabiene. Cada enfrentamiento — desde la batalla de Ipsos hasta la guerra de los diádocos — redefinió el mapa político y dejó cicatrices profundas en la población local.