World Cup apertura sin presidentes y precios exorbitantes

Ninguno de los tres presidentes de los países organizadores asistió a la ceremonia de apertura del Mundial. Claudia Sheinbaum, presidenta de México, explicó que los precios de las entradas —entre 500 $ y 3 000 $— le impedían acudir sin que pareciera un gesto de lujo. Sheinbaum prefirió seguir el partido por televisión junto a los aficionados y utilizó la oportunidad para denunciar lo que describió como "precios salvajes" impuestos por la FIFA. "No puedo pagar una entrada que cuesta más que mi salario medio", afirmó la mandataria. Los organizadores no ofrecieron entradas a precios reducidos para los mandatarios ni para la población local, lo que subraya la brecha entre la élite y la afición popular.

Críticas a la FIFA: censura, política y elitismo

La misma entidad que fija los costos de los boletos también tomó la decisión de prohibir la camiseta de Haití, alegando que su diseño era una apología de la violencia. La medida obligó al equipo a cambiar su uniforme justo antes del torneo. Esta censura se suma a otras decisiones controvertidas, como la expulsión del árbitro somalí Omar Artan y la presión sobre jugadores iraníes para sortear restricciones de viaje. Cada acción refuerza la percepción de que la FIFA actúa como una maquinaria política al servicio de intereses multimillonarios. Los críticos señalan que el fútbol ha dejado de ser un deporte de masas para convertirse en un espectáculo reservado a quienes pueden pagar entradas de varios miles de dólares. La combinación de precios prohibitivos y censura de símbolos culturales evidencia un giro hacia el elitismo. El debate se intensifica cuando se compara la censura de Haití con la tolerancia de eventos organizados por países con políticas controvertidas, como Estados Unidos, que sigue albergando torneos mientras mantiene acciones militares en el exterior.