El Gobierno de Canarias ha aprobado recientemente un plan para proteger al drago de Gran Canaria, una especie endémica en peligro de extinción. A través de un decreto, se busca aumentar su población y proteger su hábitat en el suroeste de la Isla.

Históricamente, en Gran Canaria han existido dos especies de drago en estado silvestre: el drago de Gran Canaria (Dracaena tamaranae) y el drago común (Dracaena draco). Sin embargo, en la actualidad, el drago común se considera extinto, ya que el último individuo silvestre que quedaba murió en el año 2009 debido a la sequía.

Actualmente, solo sobrevive en la naturaleza una especie, el drago de Gran Canaria (Dracaena tamaranae), que se encuentra clasificada "en peligro de extinción" tanto en el Catálogo Canario de Especies Protegidas como en el Catálogo Español de Especies Amenazadas.

Este árbol habita exclusivamente en enclaves puntuales del sector suroccidental de la isla de Gran Canaria, en la vertiente de sotavento. Su área de distribución abarca distintos espacios pertenecientes a los municipios de Mogán, San Bartolomé de Tirajana, La Aldea de San Nicolás y Tejeda.

A nivel ecológico y orográfico, la especie se localiza en la zona termófila de la isla, arraigándose sobre riscos, escarpes, grietas y laderas inaccesibles que le proporcionan cierta tendencia a la sombra y la humedad dentro de un ambiente árido. Aunque se han localizado ejemplares en un rango amplio que va desde los 342 hasta los 1.270 metros sobre el nivel del mar, habitando preferentemente entre los 400 y 900 metros de altitud.