Nuevos datos del James Webb
Un equipo del Instituto Tecnológico de California ha publicado en Science Advances que Nereida, la tercera luna más grande de Neptuno, es muy probablemente una satélite original del planeta. El estudio se basa en observaciones realizadas con el instrumento NIRSpec del telescopio James Webb durante los últimos meses. Los investigadores, liderados por Matthew Belyakov, analizaron espectros en el infrarrojo cercano y compararon la firma química de Nereida con la de cuerpos típicos del cinturón de Kuiper. Encontraron diferencias notables en la proporción de agua helada y compuestos orgánicos, lo que indica un origen distinto. NIRSpec, con su capacidad de resolver líneas espectrales a una resolución R≈2700, permitió distinguir con precisión los rasgos de absorción de hielo y rocas. La calidad del dato supera en gran medida a la obtenida por telescopios terrestres, que se ven limitados por la atmósfera.
Análisis espectroscópico que rompe el paradigma
Los datos de NIRSpec revelaron una abundancia de agua cristalina y trazas de silicatos que no se observan en la mayoría de los objetos transneptunianos. En contraste, los cuerpos del cinturón de Kuiper presentan superficies más ricas en metano y nitrógeno congelado. Esta composición sugiere que Nereida se formó en un entorno más cálido y denso, propio del disco protoplanetario que rodeó a Neptuno hace 4.500 millones de años. Por tanto, la luna habría permanecido intacta mientras el planeta completaba su crecimiento. La detección de sugiere que Nereida posee un manto rocoso similar al de la Luna terrestre, algo inesperado para un cuerpo tan alejado del Sol. Este hallazgo abre la posibilidad de que la luna haya experimentado procesos de diferenciación temprana.





