La llegada de los romanos a Britania en el año 43 marcó un punto de inflexión en la historia de la región. La ocupación romana trajo consigo una serie de cambios significativos en la forma de vida de los habitantes, incluyendo la creación de centros administrativos y la concentración de la población en áreas urbanas. Sin embargo, este avance material no se tradujo en una mejora en la salud de la población.

La investigación liderada por Rebecca Pitt, de la Universidad de Reading, analizó 646 esqueletos y concluyó que la ocupación romana empeoró la salud en las ciudades de Britania. El estudio, publicado en Antiquity, comparó restos del final de la Edad del Hierro con otros de época romana y detectó un aumento claro de señales de enfermedad.

Los datos muestran un contraste fuerte según el lugar de vida. En la Edad del Hierro, alrededor del 26% de los niños presentaban lesiones óseas asociadas a enfermedad o estrés físico, pero en las ciudades romanas esa cifra sube hasta el 61,5%. El crecimiento también se ve afectado, ya que los casos de retraso pasan de un 3,1% a más de la mitad en contextos urbanos.

La situación en zonas rurales no cambia de forma significativa entre ambos periodos, lo que indica que el problema no está en la presencia romana en sí, sino en cómo se organizó la vida en las ciudades. La concentración de la población en áreas urbanas trajo consigo un aumento de la densidad de población, lo que facilitó la propagación de enfermedades.