Este domingo, millones de europeos, incluidos los españoles, experimentarán un trastorno en sus horarios de comida debido al cambio de hora que se aplica para pasar al horario de verano. Aunque este cambio puede parecer insignificante, tiene un impacto significativo en nuestros hábitos alimenticios y en nuestra salud en general.
La relación entre la comida y el reloj es compleja y ha evolucionado a lo largo de la historia. En la actualidad, España es uno de los países europeos que come y cena más tarde, lo que puede tener consecuencias negativas para la salud. Pero ¿por qué hemos adoptado este hábito?
La respuesta se encuentra en una combinación de factores climáticos, culturales e históricos. En el pasado, la comida era una actividad que se realizaba según el ritmo del sol y las necesidades del cuerpo. Sin embargo, con el avance de la industrialización y la influencia de la cultura británica, los horarios de las comidas comenzaron a cambiar.
En el siglo XIX, comer tarde se convirtió en un símbolo de estatus y riqueza en Europa. Las clases burguesas pudientes adoptaron este hábito como una forma de distinguirse de las clases más bajas. Esta tendencia se extendió por todo el continente y llegó a España, donde se afianzó en la década de 1850.
La Guía práctica de las familias, publicada en 1850, recomendaba almorzar a las nueve, comer a las tres y cenar a las diez. A principios del siglo XX, los horarios de las comidas volvieron a adelantarse en todo el continente, incluyendo España, donde en los años 30 era común almorzar a la una del mediodía y cenar antes de las ocho de la tarde.






