La isla de Cuba enfrenta hoy una severa crisis energética que ha derivado en un apagón nacional, ocasionado por una desconexión total del Sistema Eléctrico Nacional. Esta situación ha generado un clima de frustración y desesperanza entre la población.
Hace más de seis décadas, la revolución cubana irrumpió con fuerza, prometiendo una sociedad más justa e igualitaria. En enero de 1959, Fidel Castro afirmó: "Nada de libertad sin pan, nada de pan sin libertad". Sin embargo, hoy en día, tanto el pan como la libertad escasean en la isla.
Los cubanos se preguntan en qué momento la revolución se desvió de su curso. Algunos podrían señalar que el problema comenzó en 1959, cuando Manuel Urrutia, el primer presidente de la revolución, fue obligado a dimitir, lo que permitió a Fidel Castro asumir prácticamente todo el poder.
Otros podrían mencionar la defenestración del comandante Huber Matos en octubre de 1959, lo que fortaleció la alianza de los hermanos Castro con el Partido Socialista Popular. A partir de entonces, se sucedieron una serie de eventos que marcaron el declive de la revolución.
Entre ellos, se destacan el cierre del periódico 'Revolución', las primeras acciones de censura y las "palabras de Fidel a los intelectuales", que delimitaron las acciones dentro del lema "dentro de la revolución todo, fuera de la revolución nada".
El año 1961 es recordado como el momento en que se declaró el "carácter socialista" de la revolución, tras repeler una fuerza armada alentada por Estados Unidos. Sin embargo, esta declaración también trajo consigo una ola de homofobia y la llamada crisis de Octubre, que puso al mundo al borde del enfrentamiento nuclear.
El bloqueo económico impuesto por Estados Unidos se convirtió en el arma preferida para presionar a la isla. La CIA planificó sin éxito la eliminación de Castro, mientras que el liderazgo cubano justificaba su intolerancia a cualquier expresión de diferencia bajo el argumento de que la isla estaba sitiada.
A medida que pasaban los años, la situación en Cuba se fue agravando. En 1968, Fidel lanzó la "ofensiva revolucionaria", que estatizó toda actividad económica, incluso los negocios de manicura o venta de café callejero. Esta medida coincidió con el apoyo de La Habana a la invasión soviética de Checoslovaquia, lo que marcó el principio del fin de la autonomía cubana.
Algunos podrían señalar que las cosas se fueron verdaderamente a bolina con la llamada "zafra de los 10 millones", en 1970. La obstinación de Fidel Castro por producir un milagro de la industria azucarera derivó en un enorme consumo de energías sociales y en las solapadas expresiones de hastío y simulación.
En 1971, tuvo lugar el 'caso (Heberto) Padilla', un farsesco proceso judicial contra el poeta que provocó una importante deserción de los intelectuales europeos e incluso algunos latinoamericanos.
A partir de entonces, comenzaron los llamados "años grises" o "negros", marcados por la inserción de la isla en el espacio político económico hegemonizado por Moscú. El castrismo se sovietizó, y la economía inició una etapa de crecimiento sobre la base de un acuerdo social de aristas controvertidas.
El Estado brindaba protección en materia de salud y educación, y la libreta de racionamiento alimentario garantizaba un coeficiente de calorías. A cambio, se exigía una lealtad sin disensos. Ese "pacto" se labró finalmente en la Constitución de 1976, que consideraba "irreversible" el socialismo.
Para el historiador cubano Rafael Rojas, es el punto final del impulso utópico que venía deshilachándose por etapas. Si se tratara de una tertulia de desencantados que conversan a oscuras, alguien podría decir que el estallido social de 1980, cuando migraron más de 100.000 personas a Estados Unidos por el puerto de Mariel, es un mojón ineludible del declive que siguió sin prisa ni pausa.
Pero podría señalarse 1986, cuando Fidel Castro abolió el llamado mercado campesino, temeroso de que la incipiente abundancia de frutas, carnes y verduras en los mercados permitiera la creación de una burguesía agraria que reclamara más temprano que tarde representación política.
El apoyo económico de la URSS y el Este europeo siempre disfrazó los enormes problemas de productividad. Las caídas de los timoneles de la economía se hizo costumbre desde los setenta hasta el presente.
Al momento de la implosión soviética, Cuba era escenario de una disputa generacional. Jóvenes intelectuales que se sentían portadores de los ideales revolucionarios chocaron contra el muro del dogma, cuando no la represión, e iniciaron un proceso de exilio que llega hasta estos días.
A partir de los años 90 y ante la falta de provisiones de crudo soviético, la isla vivió su "Período especial" con apagones, escasez crónica y empobrecimiento. Fidel decidió que la mayor de las Antillas debía abrirse completamente al turismo para integrarse al mercado mundial.
Hubo, desde entonces, dos Cubas: aquella donde regía el dólar y la que todavía estaba asociada a las actividades del Estado. La palabra "compañero" que precedía todos los intercambios se volvió disfuncional.
El turismo desplazó al azúcar del primer lugar de los rubros económicos. El segundo, con el correr de los años, lo ocuparon las remesas, otra forma de dependencia, esta vez no de la "generosidad" de los aliados sino de la migración.
La llegada de Hugo Chávez a la presidencia venezolana posibilitó volver a recibir una inyección petrolera cuyo flujo se mantuvo hasta el secuestro de Nicolás Maduro, este pasado enero.
A lo largo de esos años, aquella sociedad igualitaria aunque austera, se fue convirtiendo en un territorio de crecientes desigualdades debido a las reformas económicas. Entre 2006 y 2018, el presupuesto asignado a la asistencia social pasó del 2,2% al 0,3%.
Y luego todo empeoró. El hecho de que en el último informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) Cuba haya quedado por debajo de Haití informa sobre los desastres actuales.
La historia es obstinada en sus enseñanzas sobre las segundas oportunidades. Se vuelven más inviables si todo se ha ido a bolina, aunque persista el deseo de revertir el tiempo.
En julio de 2021 hubo una explosión social. A partir de ese verano se ha acelerado la crisis. Todo discurre entre los intersticios de una cotidianeidad agobiante: largos apagones, hospitales sin medicamentos básicos y escuelas que funcionan como pueden.
"El embargo estadounidense, recrudecido en su componente energético bajo la administración de Donald Trump, es presentado como la causa única, total y suficiente del desastre cubano. Trump, sin duda, ha ejercido una presión brutal.
Las sanciones han agravado dramáticamente una situación ya al límite. Eso es real y debe decirse sin ambigüedades, pero el bloqueo es la punta del iceberg", adierte Lorenzo Vega-Montoto en el portal CubaxCuba.
Y añade: "Bajo la superficie acecha algo más oscuro, más viejo y más cubano: la captura sistemática de la economía nacional por parte de una élite que hace mucho dejó de ser revolucionaria, si alguna vez lo fue en el sentido estricto de la palabra, y se transformó en una clase extractiva".
El autor hace referencia al Grupo de Administración Empresarial S.A. (Gaesa), una entidad militar-empresarial que controla entre el 60% y 80% de la actividad económica formal: turismo, importaciones, telecomunicaciones, comercio minorista, medicina y divisas.
Esto no es el socialismo que proclaman los carteles en las calles de La Habana. Es algo cualitativamente diferente: un modelo mafioso de acumulación de capital en manos del Estado-familia.
Mientras Silvio Rodríguez se mostraba días atrás ante las cámaras con una ametralladora AKM de origen soviético como símbolo de su predisposición a inmolarse ante una eventual invasión norteamericana, el viceministro de Exteriores, Carlos Fernández de Cossío, expresaba la voluntad del Gobierno de encauzar una negociación con Washington no solo a partir de la apertura al capital acumulado por cubanos en La Florida durante sus exilios sino con eventuales compensaciones para empresas norteamericanas expropiadas a comienzos de los sesenta.
Rodríguez y Fernández de Cossío ofrecieron al mismo tiempo dos modos distintos de retrotraer el tiempo y volver hacia atrás las agujas del reloj.