El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, abandona Washington para dirigirse a Mar-a-Lago, este viernes. / MANDEL NGAN / AFP

La situación se está agravando. La incursión que Donald Trump consideraba un mero capricho se está convirtiendo en un infierno, tal como temían los asesores de inteligencia estadounidenses que habían advertido sobre las consecuencias de iniciar un conflicto con Irán. Tanto George Bush padre como su hijo recibieron alertas de sus respectivos asesores sobre el riesgo de abrir un frente en Irán, lo que podría arrastrar a la región a un abismo y desencadenar una crisis económica global. Donald Trump ha sucumbido a la presión de su colega israelí Binyamín Netanyahu. Por lo tanto, nos enfrentamos a las consecuencias de una guerra anunciada.

La participación de los rebeldes hutíes en Yemen amplía el escenario de conflicto. Por un lado, el conflicto se regionaliza; por otro, lo que es aún más significativo, desde Yemen se puede bloquear otro estrecho estratégico crucial para la economía global, el de Bab el Mandeb, a las puertas del mar Rojo y del canal de Suez. Esto obligaría a Arabia Saudí a involucrarse directamente en la contienda. La decisión de los rebeldes yemeníes de entrar en guerra elevará el precio de la energía a límites aún más altos, al cerrar la única alternativa que le quedaba al comercio marítimo para evitar travesías interminables entre Europa y Asia.