En la Misa del Domingo de Ramos, el Papa ha expresado su firme rechazo a la guerra y ha enfatizado que "Dios no puede ser utilizado para justificar la violencia". Con este acto, ha dado comienzo a la primera Semana Santa de su pontificado. Ante una multitud de 40.000 fieles congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano, ha instado a "deponer las armas y recordar que son hermanos".

Durante la homilía, el Pontífice ha resaltado que Jesús "no recurrió a la violencia" ni "se defendió" frente a la brutalidad y los abusos. "Este es nuestro Dios: Jesús, Rey de la paz. Un Dios que rechaza la guerra, a quien nadie puede usar para justificar la guerra", ha subrayado.

El Papa también ha citado al obispo Tonino Bello al concluir su homilía, afirmando que "las injusticias de los pueblos tienen los días contados. Que los resplandores de las guerras se están reduciendo a luces crepusculares. Que los sufrimientos de los pobres han llegado a sus últimos alientos".

Previamente a la Misa, se ha llevado a cabo una procesión desde el Brazo de Constantino de la Columnata de Bernini hasta el centro de la plaza, rodeándola. En esta procesión, el Papa ha participado a pie, acompañado por asistentes que portaban 120 palmas y palmurelli, así como 120.000 ramas de olivo.

El Papa también ha recordado "a los cristianos de Oriente Medio que sufren las consecuencias de un conflicto atroz y que, en muchos casos, no pueden vivir plenamente los ritos de estos días santos". "No podemos olvidar a quienes hoy participan de manera real en su sufrimiento. Su prueba interpela la conciencia de todos. Elevemos nuestra súplica al Príncipe de la Paz para que sostenga a los pueblos heridos por la guerra y abra caminos concretos de reconciliación y paz", ha clamado.