Los caparazones de las tortugas marinas han sido identificados como una fuente valiosa de información para reconstruir el pasado climático. Un estudio reciente publicado en Marine Biology revela que estos caparazones contienen datos químicos que permiten analizar cambios en el océano y en la alimentación de estas especies.
La formación del caparazón
El caparazón de las tortugas se forma a partir de queratina, el mismo material presente en el pelo y las uñas humanas. Se organiza en capas sucesivas que se añaden una encima de otra, cada una con información química del momento en que se formó. Este proceso permite que cada parte del caparazón conserve un fragmento del pasado del animal.
Un registro biológico único
Investigadoras como Bethan Linscott y Amy Wallace demostraron que las capas del caparazón guardan información química sobre el entorno. Esto permite analizar cambios en el océano y en la alimentación de las tortugas marinas. El caparazón se ha convertido en un registro biológico que conserva señales acumuladas durante años.
Análisis de las capas
El análisis de las capas del caparazón permitió calcular el ritmo de crecimiento del caparazón con bastante precisión. Los datos muestran que una capa de unos 50 micrones representa entre siete y nueve meses de desarrollo. Sin embargo, la velocidad cambia según el individuo, lo que indica que factores externos influyen en ese proceso.





