La ciencia cuenta con una herramienta valiosa para entender cómo las poblaciones animales responden al cambio climático: series de datos a largo plazo. Estos registros permiten detectar tendencias sutiles en el comportamiento de las especies y su adaptación a un planeta que se calienta.

La investigadora Ana Sanz, del instituto IMEDEA, ha dedicado años al estudio de las aves marinas del Mediterráneo occidental. Su trabajo se centra en el seguimiento de especies como la noneta y el paíño europeo, que son fundamentales para comprender cómo estas aves se adaptan al cambio climático.

Una de las estrategias clave que utilizan algunas especies para hacer frente al cambio climático es modificar su calendario biológico. Los datos obtenidos en décadas de seguimiento confirman que las hembras que adelantan la puesta de los huevos tienen mayor éxito reproductivo. Esto se debe a que el alimento aparece antes debido a un año especialmente cálido, lo que permite a las aves que se reproducen antes tener ventaja.

Sin embargo, no todas las especies tienen la misma capacidad de adaptación. Las especies migratorias, por ejemplo, enfrentan desafíos adicionales debido a la complejidad de sus ciclos anuales. El desajuste entre el calendario biológico de los depredadores y el de sus presas se conoce como «desfase fenológico» y es una de las preocupaciones crecientes en la investigación sobre el cambio climático.

Además del calendario reproductivo, los científicos han explorado otros posibles mecanismos de adaptación, como el cambio en el tamaño corporal. Sin embargo, las evidencias de este tipo de cambios son mucho menos consistentes.