La adquisición de una vivienda se ha vuelto cada vez más compleja, especialmente si se compara con años anteriores. El aumento en los precios de las propiedades ha superado con creces el crecimiento de los salarios, lo que ha llevado a una disminución en la proporción de jóvenes propietarios de viviendas. La crisis económica posterior a la burbuja inmobiliaria y financiera de 2007 exacerbó esta situación crítica.
La edad media de emancipación es uno de los indicadores que revela una brecha generacional en el mercado de la vivienda. Aunque España siempre ha tenido una de las edades medias de emancipación más altas de la Unión Europea, esta ha ido en aumento en los últimos años. A pesar de la caída en los precios tras el estallido de la burbuja inmobiliaria, la edad media siguió aumentando debido a la difícil situación laboral, y ahora se ha agravado aún más con el fuerte aumento en los precios de la vivienda a partir de la pandemia.
Los salarios necesarios para comprar una vivienda se mantienen en una de las cotas más altas de su historia, muy por encima de las cifras registradas en las décadas de 1980 y 1990, cuando se requerían menos de cinco años de salario para adquirir una propiedad. Actualmente, se necesitan alrededor de siete años y medio de salario para comprar una vivienda, lo que indica que el precio de la vivienda a nivel nacional no ha alcanzado los niveles de sobrevaloración registrados en la época de la burbuja.
Según la Encuesta Financiera de las Familias del Banco de España, la sociedad española es cada vez menos propietaria de viviendas. Sin embargo, este fenómeno afecta principalmente a los más jóvenes: mientras que a principios de los años 2000, uno de cada dos menores de 30 años era propietario de su propia casa, ahora apenas uno de cada tres lo es. Esta tendencia también se observa en la franja de edad entre 30 y 44 años, donde el porcentaje de propietarios ha disminuido de siete de cada diez a cinco.





