La tensión sectaria en el Líbano ha alcanzado niveles alarmantes, evocando los oscuros días de la guerra civil que asoló el país entre 1975 y 1990. La expulsión del embajador de Irán en Beirut, decretada por las autoridades libanesas, ha desencadenado una ola de protestas y manifestaciones, principalmente en los barrios chiíes del sur de la capital.

La imagen de cientos de manifestantes congregados frente a la embajada iraní en Beirut, portando pancartas que expresaban su solidaridad con la República Islámica de Irán, recordó a los periodistas presentes en la zona a las escenas de los años 80. "Ustedes tienen el Vaticano, nosotros tenemos a Irán", declaró Amira, una de las manifestantes, mientras se coreaban eslóganes como "¡Muerte a Estados Unidos!" y "¡Muerte a Israel!".

La guerra contra Irán iniciada por Israel y Estados Unidos, a la que se sumó Hizbulá, ha exacerbado las divisiones sectarias en un país que todavía no ha superado las heridas de su pasado. La decisión de las autoridades libanesas de expulsar al embajador iraní, Mohammad Reza Shibani, ha sido considerada por Hizbulá como un "pecado nacional", y ha generado un comunicado en el que se exige la reversión inmediata de la decisión.

La crisis actual tiene ecos del pasado, cuando la presidencia de Amin Gemayel ordenó la expulsión del embajador iraní en 1983, lo que desencadenó una ola de violencia y protestas. La decisión de Gemayel de alinearse con Occidente y firmar la paz con Israel en mayo de 1983 aumentó la fragmentación confesional y desembocó en una nueva ronda de la guerra civil.