En un mundo donde el fútbol une a personas de todas las edades y procedencias, un grupo de niños refugiados en Belén está luchando por preservar su campo de fútbol. El estadio de fútbol del campamento de refugiados Aida, en Belén, se ha convertido en un símbolo de esperanza y resistencia para los más de 250 niños que juegan en él.

El fútbol es un lenguaje universal que trasciende fronteras y barreras. En todo el mundo, la gente se reúne para demostrar su habilidad con el balón. Estos gestos de solidaridad se han convertido en un movimiento global que ha llegado a los despachos de la FIFA y la UEFA. Los altos cargos del fútbol han exigido a Israel que detenga la demolición del estadio de Aida, que se ha convertido en un oasis para los niños del campamento.

La historia del Centro de la Juventud de Aida se remonta a 1968, cuando fue creado para ofrecer un espacio seguro y de recreación para los niños del campamento. A lo largo de los años, el centro ha sido cerrado y demolido en varias ocasiones. En 2001, durante la Segunda Intifada, el centro fue demolido y, con la construcción del muro de separación en 2002, se confiscó el terreno donde se ubicaban dos campos de fútbol pequeños.

Mohammed Abu Srour, miembro de la junta del centro y responsable del programa deportivo, recuerda que "desde nuestra creación en 1968, los israelíes cerraron el centro hasta 14 veces y, en 2001, finalmente, lo demolieron". La construcción del campo de fútbol actual fue "un sueño hecho realidad", según Abu Srour. En 2020, después de reconstruir el centro, se inauguró el campo de fútbol, que se ha convertido en un lugar de encuentro y recreación para los niños y las familias del campamento.