Una cadena de derrotas y reveses ha puesto en evidencia los límites del poderío militar y económico de Estados Unidos, así como la capacidad de resistencia de sus adversarios y aliados. La fallida guerra comercial contra China, la intentona de anexionarse Groenlandia, la presión sobre Canadá y la sentencia del Supremo que tumbó la guerra arancelaria son algunos de los ejemplos más recientes de los fracasos de la Administración de Donald Trump.
La atención mundial se centra ahora en el conflicto entre Estados Unidos e Irán, que ha generado serias preocupaciones sobre la estabilidad en la región y el impacto en los mercados globales. A pesar de los durísimos golpes que ha sufrido, el régimen iraní sigue de pie y mantiene bloqueado el estrecho de Ormuz, lo que ha generado consecuencias notables en el comercio de hidrocarburos y otros productos esenciales.
En el plano político, la tensión en Irán ha aumentado, y la Guardia Revolucionaria se ha fortalecido en el poder. Mientras, en Estados Unidos, la guerra de Irán ha generado división dentro del mundo MAGA, con muchos que se oponen a esta guerra de elección.
Uno de los aspectos más relevantes de esta aventura es la vulnerabilidad crítica que ha puesto en evidencia la Operación Furia Épica: los límites de la superioridad tecnológica militar en el nuevo entorno bélico. La cantidad de armas baratas puede reequilibrar la desventaja cualitativa, como han demostrado los expertos Macdonald Amoah, Morgan D. Bazilian y Jahara Matisek.
En los primeros 16 días de combate, Estados Unidos y sus aliados han disparado unas 11.000 municiones, con un coste total de unos 26.000 millones de dólares. El problema es que algunas de estas armas son difíciles de producir, y los arsenales son limitados. El ritmo de agotamiento es rápido, y el de reposición, lento.





