Pilar Rahola Periodista y escritora
La reciente muerte del filósofo alemán Jürgen Habermas a los 96 años nos lleva a reflexionar sobre su legado, especialmente en un momento como la Semana Santa. Hace quince días, su partida nos recordó la importancia de su debate con Joseph Ratzinger en enero de 2004, en la Academia Católica de Baviera. Este encuentro entre la razón secular, representada por el influyente filósofo, y la razón teológica, defendida por el futuro Santo Padre, sigue siendo uno de los textos más profundos y trascendentales para comprender los límites entre la razón y la fe.
La cuestión central de su debate era si la razón y la fe están condenadas a chocar o si pueden formar una alianza necesaria. Desde la Ilustración, la fe había sido relegada como eje del pensamiento. Habermas argumentó que el Estado es autosuficiente, basado en el derecho y la autorregulación democrática. Sin embargo, Ratzinger señaló que cuando la razón se aísla, puede engendrar monstruos como el totalitarismo. A su vez, Ratzinger destacó que la religión puede aportar la dimensión moral que la sociedad moderna está perdiendo, mientras que Habermas advirtió que la religión también puede generar monstruos, como el fanatismo.
Ambos reconocieron los peligros de sus respectivas posiciones y llegaron a la conclusión de que la razón y la fe deben escucharse y respetarse mutuamente. Ni la ciencia puede responder a todas las necesidades morales del ser humano, ni la fe puede resolver los enigmas científicos. afirmó que pueden actuar como 'purificadoras mutuas': la razón evita el fanatismo y el fundamentalismo religioso, y la fe evita que la razón pierda su brújula moral y se aleje de los valores humanos.





