La llegada del horario de verano supone un ajuste en nuestros relojes, pero también tiene un impacto significativo en nuestra vida diaria. A partir de la madrugada del domingo, los relojes marcan una hora más, lo que se traduce en más horas de luz al final del día. Sin embargo, este cambio puede afectar al rendimiento y a la productividad de algunas personas.

El impacto en el ritmo circadiano

La psicóloga y neuropsicóloga Nayara Ortega explica que, aunque se trata de una leve modificación, el organismo necesita un período de adaptación. El cambio horario incide de forma directa en el ritmo circadiano, lo que afecta a funciones cognitivas claves como la memoria, la atención o la velocidad de procesamiento. *Los primeros días es habitual experimentar cierta lentitud mental, tener dificultades para concentrarse y problemas para retener información reciente.

Factores que influyen en la disminución del rendimiento

La incidencia en los ritmos cronobiológicos es uno de los principales factores detrás de la disminución del rendimiento. La primera noche dormimos una hora menos, lo que impacta en el nivel de reparación del cerebro. El descanso cumple una función esencial tanto en la consolidación de la memoria como en la regulación emocional.

  • La interrupción del sueño se traduce en mayor fatiga
  • Pior concentración
  • Una gestión emocional más limitada