En la cocina de vigilia, pocos aromas evocan la esencia de la Cuaresma como el del bacalao recién frito. Este entrante, antaño receta de aprovechamiento para alimentar a familias enteras con poco pescado, hoy es el aperitivo imprescindible en cualquier menú de cuaresma. El reto está en lograr que queden esponjosos por dentro y crujientes por fuera.
La Importancia del Bacalao en la Dieta
El bacalao es un pescado blanco extremadamente magro y de fácil digestión, según la Fundación Española de la Nutrición (FEN). Aporta proteínas de alto valor biológico, minerales como el selenio y el fósforo, y vitaminas B12 y B6, fundamentales para el sistema nervioso. Incluirlo en nuestra dieta no solo es una cuestión de tradición, sino una decisión inteligente para la salud.
El Arte de Preparar Buñuelos de Bacalao
Para elevar estos bocados a un nivel profesional, hay cinco pilares técnicos fundamentales. El primero es el secado absoluto del pescado, un paso crítico que marca la diferencia entre un buñuelo crujiente y uno aceitoso. El segundo pilar es el reposo obligatorio en frío, que requiere dejar la mezcla en la nevera al menos treinta o sesenta minutos antes de freír.
La Aireación y el Control de Temperatura
La aireación mediante claras a punto de nieve es el secreto de la ligereza profesional. Deben incorporarse con movimientos suaves y envolventes justo antes de freír. El cuarto factor determinante es el control estricto de la temperatura a 175 °C, un equilibrio vital para sellar el buñuelo al instante sin quemarlo por fuera.
La Técnica de Freír
El quinto paso consiste en freír siempre en tandas pequeñas, evitando llenar la sartén para que la temperatura del aceite no baje drásticamente. De esta manera, cada pieza tiene espacio para flotar y dorarse de forma uniforme. Dominar esta receta es abrir la puerta a uno de los tesoros más sencillos y agradecidos de nuestra gastronomía.
Ingredientes y Preparación
Para conseguir ese contraste de texturas, toma nota de los ingredientes necesarios para cuatro comensales:
- 400 gramos de bacalao
- 1 patata cocida (opcional)
- 1 cebolleta picada (opcional)
- 2 dientes de ajo picados
- 1/4 de taza de perejil picado
- 1 taza de harina
- 1/2 cucharadita de levadura
- 1/2 taza de mantequilla
- 2 huevos
- Sal y pimienta al gusto
- Aceite para freír
El Proceso de Desalado y Preparación de la Masa
El primer paso es el desalado: sumerge el bacalao en abundante agua fría y mantenlo en la nevera entre 24 y 48 horas, cambiando el agua cada ocho horas. Una vez listo, dale un hervor rápido de apenas un par de minutos para facilitar la tarea de retirar la piel y las espinas. Al desmigarlo, asegúrate de secar bien el bacalao con papel de cocina.
La Masa y el Reposo
Para la masa, calienta el agua con la mantequilla en una cazuela. En cuanto rompa a hervir, añade la harina tamizada con la levadura de golpe. Remueve con energía con una cuchara de madera hasta que la masa se separe totalmente de las paredes del recipiente, formando una bola compacta. Retira del fuego y deja que pierda temperatura antes de incorporar las yemas de los huevos de una en una.
La Aireación y el Freido
Es fundamental dejar reposar la mezcla en la nevera al menos una hora. Justo antes de empezar a freír, bate las claras que habías reservado a punto de nieve e incorpóralas a la mezcla con movimientos suaves y envolventes. Finalmente, calienta abundante aceite a unos 175 °C y, con ayuda de dos cucharas, forma pequeñas bolas. Fríelas por tandas pequeñas para que el aceite no pierda temperatura.
Servicio y Disfrute
Sírvelos recién hechos para disfrutar de ese contraste único entre el crujiente exterior y el corazón esponjoso. De esta manera, podrás deleitar a tus comensales con un aperitivo no solo delicioso sino también saludable y tradicional.
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Editor de Economía
Economista y periodista especializado en mercados financieros y política monetaria europea.
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