La incertidumbre geopolítica provocada por la llegada de Donald Trump a la presidencia de EEUU ha llevado a analistas europeos a reclamar a Bruselas la creación de un verdadero Mercado Único. Esta medida busca proteger a Europa de la inestabilidad comercial y mitigar los efectos adversos de un entorno externo más incierto. La integración europea bajo un mercado común resulta clave para el continente.

La necesidad de un mercado común

El Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) coinciden en que la persistencia de barreras dentro del mercado único constituye una debilidad estructural para Europa. Una reducción de apenas el 2% en las barreras al comercio de bienes y servicios dentro de la UE podría compensar el impacto en el PIB derivado del aumento de los aranceles de EEUU. Esto mejoraría la productividad y reforzaría el potencial de crecimiento a largo plazo.

El proyecto del Mercado Único

El Mercado Único europeo, nacido en Bruselas, busca que bienes, servicios, capitales y personas circulen libremente con mínimas barreras. Sus antecedentes legislativos se remontan a 1957 con el Tratado de Roma. A mediados de los 80, los funcionarios europeos fijaron el objetivo de ponerlo en marcha antes de 1992 con el Acta Única Europea. El 1 de enero de 1993 comenzó a funcionar, pero la realidad dista mucho de la intención inicial.

Desafíos y objetivos pendientes

En 2025, un informe de Bruselas constató que los intercambios entre socios europeos en el sector servicios se encontraban estancados. Las pymes españolas del sector de la construcción enfrentan trabas administrativas y requisitos nacionales de autorización que entorpecen las operaciones. La Comisión Europea busca impulsar la digitalización, permitiendo a las empresas presentar documentos digitalmente para cumplir con la legislación.